miércoles, 4 de julio de 2018

MacKerel - Basin via West Head (Ku-Ring-Gai)

En otras ocasiones visité la parte Oeste del parque nacional de Ku-Ring-Gai (por ejemplo, en Cowan Creek), pero todavía me quedaba por explorar la sección Este. Llegar hasta allí por transporte público require un viaje de más de 90 minutos en autobús hasta Palm Beach, y desde allí cruzar la bahía en un pequeño ferry de un operador privado. El ferry da servicio a visitantes y a una pequeña comunidad que vive dentro del parque, sin acceso por carretera.

Una de las paradas del ferry es la playa de Mackerel. La primera sorpresa nada más desembarcar es encontrar una pequeña biblioteca en el cobertizo del muelle, con sofá incluido. No es la primera vez que veo una biblioteca completamente abierta a la calle, pero nunca en un lugar remoto y casi deshabitado.

Desde allí, una senda parte de la playa hacia el Norte, rodeando la costa. Esta parte de la ruta está un poco desatendida y algunas partes requieren un poco de cuidado si ha llovido recientemente. El camino permite visitar un par de pequeñas calas. Progresivamente la senda va mejorando y la parte final, la subida hacia el mirador de West Head, ya se realiza por un camino bien mantenido y con escalones. Este mirador, al que también se puede llegar por carretera, ofrece unas magníficas vistas panorámicas de Palm Beach, Broken Bay y todo el estuario del río Hawkesbury.

La ruta gira hacia el Oeste. Primero transcurre por un buen camino paralelo a la carretera, hasta llegar a un área recreativa junto a la Cueva de las Manos Rojas, un sitio de interés arqueológico porque se pueden observar una roca donde los aborígenes decidieron estampar la silueta de sus manos hace probablemente unos milenios.

La senda inicia el regreso hacia el Sudeste, pero yo quería alargar un poco más el paseo, así que continué hacia el Oeste por el generoso arcén de la carretera. En apenas un kilómetro se llega a un pequeño aparcamiento desde donde se puede tomar un sendero que desciende 150 metros hasta la playa de Flint and Steel ("Pedernal y acero"). El descenso es muy interesante porque se pueden observar curiosas formaciones rocosas y un acusado cambio de vegetación en muy poco espacio. La belleza del camino y la playa ayuda a recuperar fuerzas para volver por nuestros pasos y ascender de nuevo hasta el aparcamiento.

Los siguientes 4 kilómetros se realizan en parte por el arcén de la carretera, y luego por una pista forestal. Por el camino se puede visitar un zona de roca expuesta con grabados aborígenes de siluetas humanas y animales. La pista forestal acaba descendiendo con una fuerte pendiente hacia The Basin. Se trata de una pradera casi ajardinada y con grandes pinos, instalaciones para disfrutar de una barbacoa y para acampar, todo ello rodeado por una preciosa playa. Por allí se puede ver brincar a un grupo de pequeños Swamp Wallabies atraídos por las meriendas de los visitantes. Curiosamente la visita a esta pradera no es gratuita, sino que se pide depositar $3 en una hucha en la entrada para mantenimiento. Desde allí se toma el ferry para regresar hasta Palm Beach.








viernes, 29 de junio de 2018

Lisarow - Gosford

La ruta comienza en la estación de Lisarow, unos 100 kilómetros al norte de Sydney. Una carretera hacia el Sureste asciende en suave pero continua pendiente durante 3 kilómetros, terminando en una pista forestal. Allí está la cima del Mount Elliot, de 200 metros de altura, donde hay un área recreativa y un mirador con vistas hacia la bahía y la localidad de Terrigal. A partir de ahí se sigue a través de un laberinto de pistas y sendas siguiendo la cresta de la colina hacia el Suroeste. El bosque es frondoso y no concede muchas oportunidades para observar la vistas panorámicas. Tras unos 10 km de ruta se llega a la reserva de Rumbalara, donde hay otra área recreativa y múltiples senderos. Varios de ellos descienden hacia la localidad de Gosford, donde tras callejear un poco se puede tomar el tren de regreso a Sydney.




domingo, 20 de mayo de 2018

Blackheath - Pulpit Rock

El otoño está a punto de dar paso al invierno, y las mañanas en las Blue Mountains se han vuelto muy frescas. Esta mañana la temperatura rondaba los cero grados y en las praderas se podía ver escarcha.
Comenzando desde la estación de Blackheath y dirigiéndose hacia el Este, primero a través de las encantadoras calles de esta población, luego a través de los parques, se alcanza el comienzo de la senda de Popes Glen. El camino acompaña al arroyo homónimo en un suave descenso durante 4 kilómetros hasta que de pronto el arroyo se precipita desde lo alto de un anfiteatro de roca. Al fondo del precipicio se encuentra el Grose Valley, del que ya hablé en otra ocasión.
Continuando por el filo de la pared Norte del valle durante otros 3 kilómetros se llega a Pulpit Rock. Se trata de una aguja de roca suspendida 500 metros sobre el valle. Allí hay un vertiginoso mirador de varios niveles que hace las veces de púlpito con vistas panorámicas y la sensación de estar flotando sobre las copas de los árboles.
En el camino de regreso tomé un desvío para visitar otro mirador, el Govetts Leap, y continuar hasta otra cascada, la de Bridal Veil. Desde allí, otra senda llamada Braeside remonta el arrollo hasta conectar con una pista forestal y regresar a las calles de Blackheath y finalmente a la estación.








martes, 3 de abril de 2018

Deep Creek

Comenzando desde la parada de la modernizada línea de autobuses B-Line en Narrabeen, la ruta recorre los primeros 2 kilómetros de la senda alrededor de Narrabeen Lagoon. Como comenté la primera vez que visité esta zona, en la orilla norte de la laguna comienza un valle llamado Deep Creek. Esta vez me adentré por este valle. Pronto descubrí que el nombre se debe a la longitud del entrante, y no a la verticalidad de las paredes del valle. Tras atravesar un área recreativa la senda se estrecha. Enseguida se cruza un puente metálico y la senda continua remontando el río por el lado Oeste. La senda se adentra en un interesante bosque y cruza algún puente muy necesitado de reparaciones.
Tras varios kilómetros decidí dar la vuelta en lugar de continuar hacia Ingleside. En lugar de regresar por donde había venido, tomé otra senda que asciende la ladera Oeste del valle. Tras visitar una cascada, la senda termina reuniéndose con una pista forestal que recorre la cresta del valle. Esta pista llamada "Slippery Trail" es la parte menos atractiva de la ruta, y al menos cuando yo la visité no era tan resbaladiza como el nombre sugiere, sino un pedregal. La pista no continua hasta la laguna, sino que termina perdiéndose en  un laberinto de rutas para bicicletas de montaña que descienden rápidamente. Una vez de vuelta junto a la orilla giré hacia la derecha para completar el circuito de la laguna por el Sur y regresar al punto de partida.





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domingo, 25 de marzo de 2018

Glowworm tunnel (valle de Wolgan)

En la entrada anterior describí Newnes, una remota localización en el valle de Wolgan. Hace un siglo, allí se estableció una refinería, y para acceder a ella se construyó una línea de ferrocarril que fue abandonada a mediados de la década de 1930, cuando la industria declinó. Los raíles fueron retirados, pero la caja del ferrocarril todavía resulta evidente, aunque en algunos lugares ha sido destruida por corrimientos de tierra, desprendimientos de rocas y el crecimiento de la vegetación. Tras varios kilómetros ascendiendo por la pared Este del valle, el trazado se encaja por un pequeño arroyo, y de pronto desaparece dentro de la montaña.
En ese punto comienza un túnel de 400 metros y de trazado curvo y en ligera pendiente. La parte central del túnel es muy oscura, y allí se encuentra el principal atractivo de esta ruta: una colonia de luciérnagas recubre las paredes y el techo del túnel. Al apagar la linterna se puede contemplar un precioso espectáculo que recuerda al firmamento nocturno, pero con puntos de luz verde de origen biológico.
Saliendo del túnel por su boca superior se accede a una senda llamada de las Pagodas, que continua ascendiendo hasta enlazar con un antiguo camino de carretas, que desciende otra vez hacia el valle y permite completar un circuito de unos 10 kilómetros.





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miércoles, 21 de marzo de 2018

Newnes

Al otro lado de las Blue Mountains, a unas tres horas en coche, se encuentra el valle de Wolgan, en los límites de otro parque nacional, el de Wollemi. La carretera desciende las verticales paredes del valle. Al cabo de unos kilómetros el asfalto se termina y la carretera se convierte en una pista de grava. Un poco más adelante se llega a un claro en el bosque donde está permitida la acampada. El remoto lugar se llama Newnes.
Aunque actualmente se encuentra despoblado (excepto por los campistas), Newnes cuenta con una sorprendente historia industrial. Hace 100 años se estableció aquí una gran refinería de pizarra bituminosa, para la que construyó una línea de ferrocarril y un oleoducto, además de un poblado para los empleados. Unas décadas después todo fue abandonado y actualmente solo quedan unas ruinas industriales prácticamente reasimiladas por la naturaleza.
Este remoto lugar, sin carretera, sin telefonía y a decenas de kilómetros de la localidad más próxima, resulta perfecto para disfrutar de la naturaleza. Al atardecer y al amanecer los canguros aparecen por todas partes, y por la noche el oscuro cielo permite disfrutar del espectáculo del firmamento del hemisferio Sur.





domingo, 11 de marzo de 2018

Warrimoo - Baxland

Warrimoo y Baxland son dos localidades en la parte baja de las Blue Mountains, donde el ferrocarril y la carretera discurren paralelos al valle del río Glenbrook. La senda comienza descendiendo hacia el Sur desde Baxland hasta llegar al arroyo. La senda está bien preparada, aunque en algunos tramos hay multitud de árboles caídos y es necesario saltar, agacharse e improvisar variantes. Después de un rato caminando el valle se amplía y el arroyo se junta con el río Glenbrook. El camino continua a media ladera, con varias escapatorias hacia el Norte. Este tramo se denomina Florabella Pass. Más adelante se gira hacia el Este y se asciende suavemente hasta la localidad de Baxland.





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viernes, 9 de marzo de 2018

Los trenes que no caben por los túneles

Hace unas semanas dediqué una entrada en este blog al ministro de Transportes de Nueva Gales del Sur a propósito de la calamitosa gestión de la renovación de parte de la flota de transbordadores. Sin embargo, eso es solo la punta del iceberg. El ministerio está recibiendo fuertes críticas por su gestión de otros medios de transporte aún más populares que los transbordadores.
Sydney es una ciudad de 5 millones de habitantes y una enorme extensión. Muchos de ellos utilizan sus vehículos privados para desplazarse al trabajo a través de una red de autopistas de peaje y calles urbanas. El ministerio está ejecutando un carísimo megaproyecto de nuevas autopistas subterráneas de peaje que parece no convencer a nadie. El tren es también muy popular: cada día se realizan más de un millón de viajes en ferrocarril "pesado", ya que Sydney no dispone aún de una red de metro.
La red de ferrocarriles es antigua y algo caótica. Varias de las líneas estaban al cerca del límite de saturación hasta que hace un par de meses el ministerio renovó los horarios y añadió nuevos servicios. Algunas voces con conocimiento de la materia indicaron que llevar la red al límite teórico de su capacidad tendría consecuencias negativas, ya que se eliminaba el margen para recuperarse de cualquier incidente. Los hechos no tardaron en darles la razón. En las últimas semanas, una sucesión de averías, huelgas y tormentas han causado varios colapsos, dejando a miles de viajeros tirados en las estaciones, atrapados en los trenes o haciendo colas durante horas esperando a que pasase un tren que no estuviera lleno. Por ejemplo, un día hubo un incendio por la mañana en unos andamios en un edificio en demolición junto a la estación de Circular Quay, en el corazón de la ciudad. Aunque sólo una fracción de las líneas de tren pasan por la estación de Circular Quay, el caos se propagó a otras líneas y 6 horas después, en plena hora punta de la tarde, varias de las líneas tenían serios retrasos.
Los accidentes parecen haberse multiplicado también. En los últimos meses, dos trenes han chocado contra los topes de vía en sus estaciones terminales, causando docenas de heridos. Esta semana un tren se ha incendiado en medio de las Blue Mountains y afortunadamente todos los viajeros han podido ser evacuados. Los gestores ferroviarios han tenido que dar marcha atrás y han anunciado una reducción de frecuencias y servicios para aliviar la saturación.
No resulta sorprendente que los trenes de la línea que llega a las Blue Mountains se incendien. Los vehículos que sirven esta línea tienen 30-40 años de antigüedad y parecen piezas de museo. Afortunadamente hay un plan para reemplazarlos. En 2016 el ministerio adjudicó un contrato de más de 2 billones de dólares a una empresa coreana para construir nuevos trenes específicamente para esa línea. El primero de los trenes llegará a Australia el próximo año. Solo hay un problema. La línea de las Blue Mountains, de la que también hablé en este blog, es antigua y tiene múltiples túneles y una veintena de pequeñas estaciones. Y aunque parezca difícil de creer, los nuevos trenes encargados a medida a Corea son demasiado anchos para los túneles y los andenes de la ruta. Así, como suena: los nuevos trenes no caben por los túneles. Miden 3.1 metros de ancho, 10 centímetros más que los actuales trenes. El ministerio ha reconocido que efectivamente habrá que hacer algunas obras para ensanchar determinados túneles y andenes, por un coste aún no especificado. Previsiblemente las obras obligarán a cerrar la línea durante meses. Las autoridades ofrecen argumentos contradictorios: por un lado dicen que de esta manera la línea de las Blue Mountains tendrá las misma características que otras líneas. Por otro lado, están estudiando reducir los márgenes de seguridad, que actualmente exigen una distancia de 20 centímetros entre el vehículo y la pared del túnel, para evitar tener que reconstruir la línea. Es inevitable preguntarse cómo es posible adjudicar un contrato de 2 billones de dólares para construir trenes "a medida" y encontrarse después con este problema. Aprovechando la oportunidad, el colegio de ingenieros de Nueva Gales del Sur ha recordado que la legislación de este estado no requiere que un ingeniero profesional firme el proyecto, lo que sugiere la terrible visión de que el contrato pudiera haber sido negociado por burócratas que no saben usar una cinta métrica.

sábado, 10 de febrero de 2018

Woy Woy - Gosford

Unos 60 kilómetros al Norte del CBD se encuentra la desembocadura del río Hawkesbury, un estuario aún mayor que el Sydney Harbour. La orilla norte tiene una ensenada llamada Brisbane Water, alrededor de la cual se ubican varias localidades. Una de ellas es Woy Woy, punto final de otro paseo anterior. Sin embargo, la ruta sigue hacia el Norte junto a la costa, y esa es la ruta que recorrí hoy. El camino consiste en una pista ciclista bien pavimentada y señalizada, y que nunca se separa más de unos metros del agua. En los primeros kilómetros, los más próximos a Woy Woy, la pista discurre junto a una ruidosa carretera y al ferrocarril. Afortunadamente la segunda parte de la ruta se separa de las infraestructuras y atraviesa parques costeros. Finalmente tras 12 kilómetros de paseo se llega a la estación de Gosford, el centro administrativo de esta región.


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martes, 6 de febrero de 2018

La broma del nombre del barco

Sydney es una ciudad costera de cinco millones de habitantes alrededor de un gran estuario llamado Port Jackson que tiene 317 kilómetros de costa, aproximadamente los mismos que tiene Asturias. Con tanta gente viviendo alrededor del estuario es normal que el agua sea una importante via de comunicación. Miles de residentes utilizan múltiples líneas de "ferries" para trasladarse cada día a su trabajo. Los turistas disfrutan de las espectaculares vistas en sus viajes hacia Manly, Taronga Zoo, Watsons Bay o Parramatta. Algunas de las líneas más populares son atendidas por transbordadores de entre 400 y 1000 personas de capacidad y con 30-40 años de servicio. Sus colores verde y amarillo los convierten en iconos de la ciudad.

A algunos de estos veteranos buques están siendo reemplazados por una nueva flota de 6 barcos de clase "Emerald". El contrato fue otorgado hace unos años por 50 millones de dólares, y han ido entrando en servicio progresivamente durante los últimos 12 meses.

Por supuesto, cada buque debe tener un nombre. Tradicionalmente Sydney ha utilizado nombres de playas, nombres de barcos de la Primera Flota (la que dio origen a la colonia) y nombres de atletas australianos para varias clases de transbordadores. En esta ocasión, el gobierno de Nueva Gales del Sur (NSW) decidió organizar una votación que los ciudadanos propusieran y eligieran los nombres de los 6 nuevos barcos, proponiendo como tema general "líderes sociales y científicos australianos".

Según parece, el coste de la votación ascendió a 100,000 dólares. En teoría parte del coste se destinó a evitar que se repitieran bromas como la que reventó una votación similar en el Reino Unido y que provocó que un costoso buque científico acabase bautizado como Boaty McBoatface. Sin mucho éxito, según parece: cuando los resultados fueron anunciados, el Ministro de Transportes proclamó además de 5 nombres de notables líderes y científicos australianos (incluyendo un oftalmólogo, un cirujano, una ginecóloga y dos líderes aborígenes), debido al abrumador resultado de la votación popular uno de los buques recibiría el nombre de Ferry McFerryface. Australia ya tenía su "momento Chikilicuatre".

La noticia fue recibida con estupor. El sindicato de los trabajadores se negó a usar ese nombre y como resultado el barco fue botado oficialmente como Emerald 6, pero rotulado como Ferry McFerryface. Obviamente su entrada en servicio hace solo unos meses fue todo un acontecimiento y ha sido protagonista de innumerable selfies en Instagram. Todo un éxito desde el punto de vista de la promoción turística.

Sin embargo, la pasada semana un medio de comunicación obtuvo acceso a las actas de las votaciones. Resulta que contrariamente a lo que se había dado a entender, el nombre Ferry McFerryface no resultó ganador por voto popular. De hecho, apenas recibió unos pocos votos. La decisión de utilizar este jocoso nombre fue tomada personalmente por el Ministro en una decisión difícil de explicar cuando te has gastado 100,000 dólares de los contribuyentes para que voten. Las confusas explicaciones del Ministro cuando el asunto salió a la luz solo sirvieron para ahondar en el ridículo. Esa misma noche el barco fue repintado y a la mañana siguiente volvía al servicio con su nombre genérico, Emerald 6.

Unos días después, el barco volvió a ser rotulado, esta vez con el nombre de una escritora de libros infantiles. Pero resulta que este tampoco es el nombre que el barco debería tener. De hecho, esta escritora (cuyos méritos nadie discute) ni siquiera cuadra dentro de la categoría de los otros 5 nombres elegidos. ¿Cuál debería haber sido el nombre del barco? Resulta que de acuerdo con las actas de las votaciones, el sexto buque debería haber recibido el nombre de un líder ecologista fundador de la ONG Clean Up Australia, que obtuvo muchísimos más votos que Ferry McFerryface. Ya es casualidad que el perjudicado por las maniobras del Ministerio de Transporte sea un líder ecologista. De hecho, cuando parecía difícil caer más bajo, llegó una nueva revelación: esta persona a la que sus conciudadanos eligieron honrar fue notificada de la feliz elección por los funcionarios justo después de la votación. Cuando el Ministro decidió intervenir y alterar los resultados, los mismos funcionarios tuvieron que llamar al ecologista para comunicarle que su nombre había sido excluido por orden ejecutiva.

sábado, 27 de enero de 2018

Artarmon - Middle Harbour

Una vez más, un paseo a tiro de piedra del centro de Sydney pero con tramos que parecen encontrarse mucho más lejos de la ciudad. El recorrido comienza en Artarmon. Una senda parte hacia el Este en paralelo al ferrocarril. Enseguida se llega al primero de varios parques, donde se enlaza con una pista ciclista de tres carriles (!) junto a la autopista M1. Tras cruzar por debajo de varios viaductos y túneles se llega a la reserva de Flat Rock Creek. Abandonando la pista ciclista se desciende al fondo del valle por una senda hasta llegar al puente de Long Gully.
Este histórico puente es una visión un tanto surreal. Construido por iniciativa privada en 1892, inicialmente era un puente de suspensión, pero en la década de 1930 se reconstruyó por motivos de seguridad como un puente de arco de hormigón. La reconstrucción conservó los icónicos pórticos de estilo neogótico donde estaban colgados los cables del puente original. En la misma época se rellenó la marisma bajo el puente para crear un parque y campos deportivos.
Una vez alcanzado el nivel del mar, el camino continua rodeando la península de Northbridge. Primero por debajo de un campo de golf y luego a través de calles hasta el parque de Clive, desde donde una plataforma de rocas permite observar buena parte del Middle Harbour. Desde allí se regresa hacia al Oeste.








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sábado, 6 de enero de 2018

Taranaki Falls

El Chateau Tongariro es un hotel de lujo situado en Whakapapa, en el corazón del parque nacional de Tongariro, en la isla norte de Nueva Zelanda, entre los volcanes de Ruapehu (2797 metros) y Ngauruhoe (2291 metros). La forma cónica de este último y paisaje lunar proporcionó a Peter Jackson una localización perfecta para el clímax de las películas de El Señor de los Anillos.

Desde el hotel parte una senda hacia el Este y que desciende hacia un valle. Una vez allí, el camino remonta el río por el interior de un bosque. Tras unos 4 kilómetros se llega a las cascadas de Taranaki.  Unas escaleras permiten alcanzar la parte superior de la cascada principal, donde el paisaje se vuelve desértico. Una pista desciende suavemente de vuelta hacia el hotel, y atraviesa las lenguas de lava de recientes erupciones. Aunque realicé esta excursión en pleno verano austral, el tiempo fue desfavorable, con mucha niebla, constante lluvia y bastante frío.







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