sábado, 9 de octubre de 2021

Confinamiento

En aquellos días de Marzo de 2020, cuando el mundo súbitamente se encontró con la pandemia del Covid, Australia tomó la decisión de aislarse. Anuló los pasaportes de sus ciudadanos y cerró sus fronteras aéreas, excepto para un reducido número de ciudadanos retornaban a Australia, para los que se estableció un programa de cuarentena estricta en hoteles de lujo durante 15 días. Para entonces, el virus ya estaba circulando por el país, pero el número de casos era reducido. Gracias a un gran esfuerzo de rastreo de contactos, Australia consiguió eliminar la propagación del virus.

De esta manera, mientras el resto del mundo sufría los estragos del Covid sin disponer de una vacuna, en Australia la vida era casi normal. Las restricciones eran mínimas, todos los negocios estaban abiertos y el uso de mascarillas era escaso. El gobierno alentaba a la gente realizar turismo doméstico mediante unos descuentos en las tarifas aéreas, y a cenar en restaurantes y asistir al teatro mediante unos vales.

Ola tras ola, otros países soportaban estrictos confinamientos mientras esperaban la llegada de una vacuna. Cuando por fin las vacunas aparecieron, Australia se lo tomó con calma. El primer ministro declaró que "no era una carrera". La ciudadanía tampoco tenía ninguna prisa: al no haber contagios, tampoco había hospitalizaciones ni muertes. Además, una desastrosa comunicación sobre la seguridad de las vacunas y su idoneidad para ciertos tramos de edad contribuyeron a que la actitud fuese de espera. Las vacunas empezaron a llegar con cuentagotas, y al contrario que el resto del mundo, que destinó las primeras vacunas para su personal sanitario y otros trabajadores esenciales, en Australia se dio prioridad al personal de aduanas y de los hoteles de cuarentena.

El sistema de cuarentena en hoteles para los pocos viajeros que conseguían retornar a Australia no era perfecto. En algunas ocasiones se producían contagios entre alguno de los viajeros y el personal que les atendía o vigilaba, dando lugar a un brote en suelo australiano. Durante más de un año, el sistema de rastreo de contactos y tests masivos funcionó una y otra vez, consiguiendo contener y eliminar de manera milagrosa todos los brotes en cuestión de días, con muy pocas restricciones. La única excepción fue un brote que obligó a Melbourne a realizar un confinamiento de varios meses, mientras el resto del país seguía haciendo vida normal.

Era evidente que Australia estaba jugando con fuego. No había margen de error. Todo cambió en Junio de 2021. Un nuevo brote se declaró en Sydney, tras el contagio de cuando uno de los conductores que transportaba a viajeros desde el aeropuerto hasta el hotel de cuarentena. Las autoridades comenzaron a rastrear los contactos, pero fieles a su estrategia "business friendly", decidieron no introducir restricciones. Esta vez el milagro no funcionó. Este brote estaba causado por una nueva variante del virus, mucho más contagiosa que las anteriores. Inexorablemente el número de casos comenzó a crecer exponencialmente, desbordando a los trazadores de contactos. El gobierno empezó a introducir restricciones de una manera confusa, hasta que finalmente, Sydney tuvo que declarar un confinamiento estricto de toda la ciudad.

Durante las primeras semanas del brote, el gobierno insistió en que continuaba con la estrategia de eliminación. El objetivo era reducir a cero los contagios, como en los brotes anteriores, para volver a la vida despreocupada. Con el paso de las semanas, el mensaje cambió. Hubo que reconocer que habíamos perdido la batalla, y comenzaron las urgencias por vacunar a la población. Lamentablemente no había vacunas, y las que había tenían tan mala reputación que la gente las rechazaba. Australia, acostumbrada a codearse con los mejores en cualquier clasificación, se encontró en el último puesto de la lista de la OCDE en cuanto a vacunación. Mientras el resto del mundo, incluyendo países mucho más humildes, se había estado vacunando, Australia se había creído naturalmente inmune al Covid. Esta perspectiva de asumir que todos los problemas vienen de fuera y que Australia es superior o indestructible no es nueva. Sin ir más lejos, hace unas semanas hubo un terremoto en Melbourne y rápidamente se encontró un culpable fuera de Australia.

Han pasado más de 100 días de confinamiento en Sydney. Tras unos meses frenéticos y unos trueques con otros países para conseguir vacunas, la semana pasada el estado de NSW consiguió llegar al 70% de población doblemente vacunada. Hay que indicar que esta cifra no se puede comparar a la de otros países, puesto que Australia ha decidido utilizar otro tipo de contabilidad para engañarse a si misma, algo en lo que también hay experiencia. La cifra mágica del 70% significa que mañana Sydney saldrá del confinamiento estricto, pese a seguir cerca de la cola en cuanto a población vacunada, muy por detrás de países líderes como España. Si apostar por el aislamiento y la estrategia de eliminación fue jugar con fuego durante un año, eliminar las restricciones en este momento parece también muy arriesgado.

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