Hace unos días comentaba que hoy martes es el día de la Melbourne Cup, una famosa carrera de caballos que "paraliza al país". Por lo que he visto, los australianos apuestan a los caballos con tanto entusiasmo como los españoles compran décimos de El Gordo.
Este año mi empresa nos ha obsequiado con un detalle especial para celebrar la Melbourne Cup. Tras algunas horas trabajando y jugando al ping-pong por la mañana, a mediodía nos hemos subido a un crucero para navegar lentamente por la bahía de Sydney. Hemos comido abordo y hemos presenciado todos juntos la carrera por televisión, que apenas dura tres minutos. Para darle más emoción, nos han regalado a todos una apuesta simbólica generada al azar (ninguno de mis tres caballos subió al podio, no gané ni un dólar). Además había premios a los mejores trajes y complementos (tampoco gané). Lo que sí gané por puro azar fue una tarjeta de 20$ para el iTunes Store, aunque no sé si podré usarla porque los iTunes son distintos en cada país. Y también conseguí poner en jaque a un mentalista, aunque finalmente consiguió adivinar mi carta.
La Melbourne Cup tiene también otra connotación especial en mi empresa: es "el único día del año que hay que ir de traje al trabajo". Como antes o después aparecerán fotos, he decidido adelantarme y subir yo las mías.
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martes, 6 de noviembre de 2012
miércoles, 5 de septiembre de 2012
Arrancando en Atlassian
Ayer comencé mi nuevo trabajo en Atlassian, una empresa de software que, como he podido comprobar, tiene unos valores y una cultura radicalmente distintos a los que son habituales en las empresas españolas. Venía preparado para un cambio fuerte, y no he quedado decepcionado. El primer contacto ha sido muy positivo, y cuanto más voy conociendo de Atlassian, más pienso que todas las compañías deberían ser así.
De momento estoy instalado en las oficinas de Sydney, en un edificio histórico que fue originalmente un mercado y que contrasta con los rascacielos que lo rodean. No obstante, a la empresa se le ha quedado pequeño, y muy pronto nos vamos a mudar a unas nuevas oficinas más grandes y aún más céntricas.
Durante la bienvenida me han dado varios obsequios, incluyendo por supuesto mi primera camiseta de la empresa, con la que poso en la terraza del apartamento en esta noche tan agradable.
De momento estoy instalado en las oficinas de Sydney, en un edificio histórico que fue originalmente un mercado y que contrasta con los rascacielos que lo rodean. No obstante, a la empresa se le ha quedado pequeño, y muy pronto nos vamos a mudar a unas nuevas oficinas más grandes y aún más céntricas.
Durante la bienvenida me han dado varios obsequios, incluyendo por supuesto mi primera camiseta de la empresa, con la que poso en la terraza del apartamento en esta noche tan agradable.
lunes, 3 de septiembre de 2012
Asomándose a Sydney
Durante los primeros días en Sydney me he dedicado a hacer un poco de turismo. Además de pasear por la ciudad, he visitado el museo marítimo, donde pude subirme a bordo de varios barcos y hasta de un submarino. También fui al zoo de Taronga, cuyos habitantes pueden presumir de tener una de las vistas más espectaculares del mundo, especialmente si puedes estirar el cuello por encima de las copas de los árboles.
Por supuesto, estuve viendo la fauna local, que incluye 11 de las 15 serpientes más venenosas del mundo, y también animales más entrañables aunque un poco dormilones, como los koalas.
Para ir al zoo, crucé la bahía en un ferry (pasaje+entrada al zoo=50 dólares).
También he ido un par de veces al cine IMAX de Darling Harbour, que tiene la pantalla más grande del mundo y está a 3 minutos a pie desde mi actual apartamento. La primera vez fui a ver un documental en 3D sobre las reparaciones del telescopio Hubble, y fue fantástico (23 dólares por 40 minutos de proyección). Ayer fui a ver la última de Batman (31 dólares en el IMAX, en un cine normal cuesta 18$), aunque me pareció más floja que las anteriores, y además la pantalla era quizás demasiado grande para seguir cómodamente la película.
Por supuesto, estuve viendo la fauna local, que incluye 11 de las 15 serpientes más venenosas del mundo, y también animales más entrañables aunque un poco dormilones, como los koalas.
Para ir al zoo, crucé la bahía en un ferry (pasaje+entrada al zoo=50 dólares).
También he ido un par de veces al cine IMAX de Darling Harbour, que tiene la pantalla más grande del mundo y está a 3 minutos a pie desde mi actual apartamento. La primera vez fui a ver un documental en 3D sobre las reparaciones del telescopio Hubble, y fue fantástico (23 dólares por 40 minutos de proyección). Ayer fui a ver la última de Batman (31 dólares en el IMAX, en un cine normal cuesta 18$), aunque me pareció más floja que las anteriores, y además la pantalla era quizás demasiado grande para seguir cómodamente la película.
Sydney encantador
¿Seré yo que estoy un poco deslumbrado por Sydney, o es que realmente es una ciudad un tanto mágica?
La foto va dedicada al profesor Walter Lewin, por enseñarme a mirar los arcos iris como nunca los había visto antes.
La foto va dedicada al profesor Walter Lewin, por enseñarme a mirar los arcos iris como nunca los había visto antes.
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