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domingo, 25 de agosto de 2019

Mount Keira

La sierra costera de Illawarra me recuerda al Sueve y el Cuera. Aunque no es tan alta como aquellas, es más larga, y su presencia domina como una muralla el paisaje costero durante 90 kilómetros. Una de sus cumbres más reconocibles, aunque no la más alta, es Mount Keira (456 metros), junto encima de la ciudad de Wollongong.

Comenzando desde la estación de North Wollongong, a solo 10 metros sobre el nivel del mar, los primeros dos kilómetros hacia el Oeste discurren por las calles prácticamente llanas atravesando un gran campus universitario. En el extremo Oeste del campus el relieve cambia bruscamente. Una senda que lleva el nombre de un profesor de la Universidad al que le gustaba caminar por allí asciende más de 200 metros por una ladera con fuerte pendiente.

La primera fase del ascenso termina al alcanzar una senda circular que rodea completamente la montaña a media altura, justo por debajo de los acantilados. La via "directísima" para continuar ascendiendo está cortada debido a un desprendimiento hace unos años y la inestabilidad de las rocas del acantilado. La alternativa requiere recorrer la senda circular para rodear la montaña por el Sur, a través de bonitos bosques.

Una vez en el lado Oeste, otra senda con nombre propio retoma el ascenso, primero suavemente, pero el asalto final a los últimos 50 metros se realiza en zigzag por una zona de rocas más empinada. Una vez en la cima, unos miradores permiten contemplar muchos kilómetros de la franja costera. Por desgracia, aunque la mañana amaneció preciosa, cuando llegué la cima el cielo se había cubierto de nubes negras por lo que las fotos no salieron muy bien.

El descenso se realiza por el mismo camino. El Jardín Botánico de Wollongong se encuentra anexo a la Universidad, así que en el camino de regreso aproveché para explorar los jardines y fotografiar Mount Keira como si fuera Mordor.






lunes, 25 de marzo de 2019

Port Kembla - Shellharbour

Port Kembla es una pequeña localidad en la costa de Illawarra, unos 100 kilómetros al Sur de Sydney, o algo más de dos horas en tren. Su nombre está asociado a la industria pesada, pues allí se localiza una importante planta siderúrgica, un enorme puerto de minerales y mercancías, y otras industrias auxiliares. El paisaje recuerda mucho a Tabaza o Veriña. El primer kilómetro de la ruta, desde la estación terminal del ferrocarril hasta llegar a la costa, se realiza a la sombra de altos hornos, gasómetros y montañas de mineral. Afortunadamente pronto se deja atrás el paisaje industrial y se llega a un parque costero.

Dirigiéndose hacia el Sur se alcanza una playa de 7 kilómetros de longitud y de arena fina e inmaculada. Tras recorrer el largo arenal hasta el extremo de la península, se regresa al asfalto para cruzar el puente sobre el estrecho que comunica el lago Illawarra con el océano. A partir de ahí, los siguientes kilómetros alternan parques, paseos marítimos y varias playas más. Todo el recorrido hasta llegar la bonita localidad de Shellharbour, unos 20 kilómetros después de empezar el paseo, es completamente plano. La belleza natural de esta zona de la costa queda complementada por la magnífica infraestructura, con innumerables mesas de picnic, barbacoas, parques infantiles, aseos con duchas, playas con servicio de salvavidas, carriles bici, etc. Para concluir el paseo hay que abandonar la costa y callejear hacia el interior hasta llegar a la estación de tren de Shellharbour.








lunes, 24 de noviembre de 2014

Coalcliff - Austinmer

Otro paseo por la costa al sur de Sydney, esta vez entre las estaciones de Coalcliff y Austinmer. Es un tramo de la sierra costera de Illawarra. La distancia entre la cresta de la sierra y el mar es mínima y apenas deja sitio para la línea de ferrocarril, la carretera y algunas poblaciones. En algunos lugares ni siquiera queda sitio para eso: el ferrocarril se esconde en túneles y la carretera se adentra en el mar, como en el viaducto Sea Cliff Bridge, protagonista de varios anuncios de coches.

La ruta comienza con una cómoda subida, y luego transcurre por el filo de la sierra hasta llegar a Sublime Point, un mirador a 400 metros de altura. Desde allí se desciende vertiginosamente por la ladera, incluyendo varios tramos de escaleras metálicas casi verticales, no aptas para todos los públicos.




lunes, 10 de noviembre de 2014

Gerringong - Kiama

Hace unos meses hice un recorrido por varias localidades de Illawarra. Entre otros lugares, visité Kiama, y ya entonces anuncié mi intención de volver por allí para hacer una ruta. Ayer cogí el tren y en unas dos horas y media llegué a Gerringong, una pequeña localidad 130 kilómetros al sur de Sydney. Parece un lugar muy tranquilo que ocupa una ladera y un brazo de tierra entre una larga playa y un lago costero. Ese fue el punto que elegí para comenzar a recorrer la senda costera que me llevó hasta Kiama, unos 12 kilómetros más al norte.

Nada más empezar a caminar ya se observan algunas similitudes entre esta región y Asturias. El paisaje es verde, el perfil de la costa alterna playas y acantilados. En lugar de la densa vegetación forestal a la que estoy acostumbrado más cerca de la ciudad, aquí hay grandes praderas delimitadas por alambres o incluso algún muro de piedra. En ellas pasta el ganado. Por cierto, que estas praderas no eran tales hace 200 años. La masa forestal de esta región fue rápidamente talada y su valiosa madera fue utilizada en la construcción de la colonia.

El camino no tiene ninguna dificultad. El sendero no está muy marcado, pero resulta inconfundible porque está convenientemente segado. Un cartel advierte al paseante de que no debe salirse de lo segado, entre otros motivos por los bichos que pueda haber entre la hierba. Las vistas son muy hermosas y compensan ampliamente el desplazamiento. Se atraviesan varias playas y se puede observar la geología del terreno, también diferente a la de la cuenca de Sydney. Aquí las rocas sedimentarias se combinan con las ígneas, dando más variedad al terreno.







miércoles, 18 de junio de 2014

Illawarra

El pasado fin de semana, a pesar de la descorazonadora previsión meteorológica, alquilé un coche y me fui con unos amigos a explorar la región de Illawarra, a unas dos horas al sur de Sydney. Ya había estado anteriormente en la capital de esta región, Wollongong. Esta vez aprovechamos el coche para recorrer pintorescas carreteras que cruzan verdes paisajes salpicados por granjas, ganado, colinas y lagos.

La primera parada fue en Robertson, una pequeña población alrededor de la "Big Potato", una roca del tamaño de un camión y con cierto parecido a una patata. Otros atractivos turísticos de este lugar incluyen un (autoproclamado) famoso puesto de empanadas y haber sido la localización donde se rodó la entrañable película del cerdito valiente, Babe.

El siguiente destino fue Fitzroy Falls, una aldea diminuta donde un río se precipita desde la meseta hasta el valle en una hermosa cascada de casi 100 metros de altura. La visita resulta muy fácil gracias al aparcamiento, centro de visitantes, red de caminos y miradores.

Luego fuimos al Illawarra Fly Tree Top Walk, una moderna y cara atracción turística que permite caminar por unas pasarelas metálicas suspendidas a decenas de metros de altura y asomarse entre las cimas de los árboles. Desde arriba, a vista de pájaro, se domina una magnífica panorámica de la sierra de Illawarra y la rasa costera. En cierta forma, me recuerda a la vista de la costa desde el mirador del Fito.

Tras descender por una sinuosa carretera, nos detuvimos en Kiama, un pueblo costero con un bonito paseo marítimo. En un acantilado se encuentra un bufón como los de Pría. Por desgracia, cuando hicimos la visita no se daban las condiciones de mar adecuadas y el bufón no estaba activo, así que no tengo fotos (para eso está Google Images). Creo que voy a volver por este lugar alguna otra vez a ver si tengo más suerte y para hacer un prometedor paseo costero.

La última parada, ya sin apenas luz, fue en las afueras de Wollongong para visitar el templo budista más grande del hemisferio Sur. Apenas nos dio tiempo para asomar la cabeza.

Fue un día muy entretenido y agradable. Para mi fue emocionante descubrir paisajes parecidos a los asturianos, con sus verdes praderas, sus vacas y sus carreteras llenas de curvas.