Mostrando entradas con la etiqueta gobierno. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta gobierno. Mostrar todas las entradas

miércoles, 17 de agosto de 2022

El Primer Ministro y todos sus ministerios secretos

Estaba preparando un artículo sobre un interesante caso de corruptelas políticas que nos mantiene entretenidos aquí en Nueva Gales del Sur desde hace semanas, pero la rabiosa actualidad me obliga a aparcar ese tema y en su lugar hablar de las sensacionales noticias de los últimos dos días en relación con Scott Morrison, quien hasta hace unos meses era el Primer Ministro de Australia.

Hace apenas unos días califiqué a Scott Morrison y su gobierno de "desastroso". Su gestión de los apocalípticos incendios de hace 3 años, o las ineficacias durante la pandemia (Australia fue la última en recibir vacunas o test rápidos), o su inacción contra el cambio climático merecen ese calificativo como mínimo. Lo que acabamos de descubrir es hasta qué punto era también autocrático y megalómano.

Una de las frases favoritas de Morrison para eludir responsabilidades era "ese no es mi trabajo". La repitió tantas veces y con tan poca sensibilidad que la oposición la usó contra él. Por ejemplo, tras ser pillado de vacaciones en Hawaii durante los días más terribles de los incendios que destruyeron 14 millones de hectáreas, 3000 edificios y costaron 34 vidas, sus primeras palabras al regresar a Australia han quedado para la historia: "I don't hold a hose, mate" (yo no sujeto la manguera, colega). Es decir, sus vacaciones estaban justificadas porque su trabajo no es apagar incendios.

Apenas unas semanas después de perder las elecciones y dejar de ser Primer Ministro, el señor Morrison participó en un sermón en la iglesia de Margaret Court, otra figura polémica que tras arrasar en el tenis femenino con más títulos que Rafa Nadal, se metió a predicadora contra los homosexuales. En ese sermón, el recién salido Primer Ministro predicó que no se puede confiar en el gobierno y mucho menos en las Naciones Unidas.

Lo que hasta ahora no sabíamos es que durante su gobierno, Morrison había acaparado en secreto buena parte de las carteras ministeriales. Aquí hay que hacer un inciso y explicar que en los sistemas de gobierno tipo Westminster como el británico y por herencia el australiano, el poder ejecutivo está repartido entre los ministros. Determinados ministros disponen de cierta autoridad o poderes. Por ejemplo, como Novak Djokovic descubrió el pasado enero, el Ministro de Inmigración  puede decidir de manera esencialmente arbitraria rescindir un visado y deportar a cualquier visitante, sin que la justicia pueda impedírselo. Por tanto, la separación de estos poderes ejecutivos para evitar abusos se considera muy importante.

La noticia saltó hace dos con la publicación de un libro que desvelaba que en los últimos dos años el Primer Ministro Scott Morrison se había nombrado a si mismo, en completo secreto, ministro de Salud, ministro de Finanzas, y ministro de Industria, Ciencia, Energía y Recursos. Al día siguiente se descubrió que la lista incluía otros dos ministerios más: Interior y Economía. Es decir, prácticamente todos los ministerios importantes. El Gobernador General (representante de la reina en Australia), cuyas funciones incluyen tomar juramento a los ministros, confirmó la veracidad de la noticia.

A diferencia de España, aquí no hay un BOE donde se publiquen los actos de gobierno. El señor Morrison solo necesitó el visto bueno de un comité de ministros, pero como la ley no indica cuántos ministros deben formar parte del comité, Morrison decidió estos nombramientos tras consultar con un comité formado por... solo él mismo. Y no fue solo una vez: los nombramientos sucedieron en varias etapas a lo largo de un año.

¿Y qué pasó con los ministros "salientes"? Pues que salvo una excepción, tampoco fueron informados. Es decir, siguieron ejerciendo sus funciones ministeriales, participando en las reuniones del gabinete, explicando su acciones en el parlamento y la ciudadanía, ignorantes de que compartían su ministerio con Morrison. Al descubrir el engaño y la traición, algunos han pedido la cabeza de Morrison, que actualmente sigue siendo diputado (además de predicador dominical, ya sabemos que le gusta pluriemplearse).

Esta mañana el señor Morrison ha dado una rueda de prensa. Como corresponde a una situación tan surrealista, las explicaciones han sido también surrealistas. Según Morrison, se nombró a sí mismo ministro de casi todo porque eran tiempos de crisis extraordinarias (COVID, etc.) y convenía tener un reemplazo para sus ministros por si sucedía algo. Los ministros no fueron informados porque Morrison no quería distraerles de sus funciones y minar su confianza. Y en cuanto al parlamento y el pueblo australiano, no se les informó porque hubiera cundido el pánico. En resumen: fue un sacrificio por la patria.

¿Usó el mega ministro sus poderes ministeriales? Sabemos que sí, al menos en un caso reconocido por él mismo. Al parecer intervino en una licencia de una nueva explotación de gas.

Varios comentaristas han señalado que esta situación constituye uno de los mayores ataques al sistema democrático australiano. El Primer Ministro esencialmente se convirtió en Presidente y acaparó en secreto todo el poder ejecutivo sin rendir explicaciones a nadie. Espero que el sistema sepa reaccionar y poner mecanismos para evitar derivas autocráticas. Para empezar, quizás inventar un BOE para publicar los nombramientos de forma oficial.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Relevos en el gobierno

Hace meses que no escribo en el blog. Tengo un puñado de temas, excursiones y fotografías pendientes de publicar, pero voy a retomar el blog con un asunto de actualidad política. Para mi sorpresa, alguno de los artículos que he publicado sobre la política australiana, como la caída de un importante cargo por culpa de una botella de vino están entre los más vistos del blog.

Ayer Australia cambió de Primer Ministro. Tony Abbott, el líder de la Coalición (el partido de la derecha) y Primer Ministro elegido por amplia mayoría en las elecciones federales de 2013 de las que hablé en su día, fue reemplazado por su Ministro de Comunicaciones, Malcolm Turnbull. Los dos años de gobierno de Tony Abbott pasarán a la historia como un periodo especialmente negro, y no solamente por el carbón. Como era previsible y anuncié entonces, Abbott ha sido un títere de la poderosa industria minera y ha promovido políticas nefastas en asuntos tales como la protección del medio ambiente, la inmigración o la igualdad de derechos. Sus declaraciones públicas han causado vergüenza ajena. Por ejemplo, el día que se quedó sin palabras tras haber sido "cazado" menospreciando la muerte de un soldado australiano en Afganistán. Incluso Obama tuvo que leerle la cartilla y forzarle a incluir el cambio climático en la agenda del G-20 cuando Australia albergó la reunión de líderes mundiales. Por si fuera poco, la economía australiana está mostrando síntomas de debilidad, lastrada por su apuesta a todo o nada en el sector minero. Abbott ha declarado que "el carbón es un bien para la Humanidad" y que tiene un gran futuro.

Con este panorama, no era de extrañar que el Primer Ministro hubiera perdido cualquier simpatía. Los sondeos se habían vuelto adversos para el gobierno, y hace unas semanas el magnate que controla el monopolio de los medios de comunicación en Australia le retiró su apoyo. El desenlace era cuestión de tiempo.

Lo que más sorprende es la velocidad y frecuencia con la que suceden estos cambios. En Australia los partidos tienen un mecanismo llamado "leadership spill", similar a una moción de censura interna, por el cual pueden cambiar a sus líderes en un tiempo récord. En este caso, en la mañana del lunes el Ministro de Comunicaciones convocó una rueda de prensa en un jardín para dar un paso al frente, dimitir de su ministerio y anunciar que quería disputar el liderazgo de Tony Abbott argumentando que los australianos se merecen un gobierno "que no insulte a su inteligencia" (recordemos que son miembros del mismo partido). Esa misma tarde los líderes del partido se reunieron y votaron despedir a Abbott como líder, y por tanto, como Primer Ministro. A la mañana siguiente Malcolm Turnbull tomaba posesión como nuevo Primer Ministro.

Esta situación no es nada extraordinaria. En los últimos 7 años se ha producido 7 veces. Tony Abbott ya sobrevivió en una ocasión, hace apenas unos meses. Durante la legislatura anterior, con los Laboristas en el gobierno, el Primer Ministro electo Kevin Rudd fue reemplazado por Julia Gillard, que a su vez superó dos mociones pero fue derrotada en la tercera ocasión, nada menos que por Kevin Rudd! Y mientras los Laboristas despilfarraban capital político con sus juegos de sillas en lugar de gobernar, la derecha también cambiaba al líder de la oposición: Malcolm Turnbull era derrotado por Tony Abbott en 2009, justo a la inversa de lo que ha sucedido esta semana.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Art Gallery y elecciones

Ayer visité la NSW Art Gallery, el museo de arte clásico más importante de la ciudad. Me sorprendió por su tamaño, que difícilmente se adivina al mirar la fachada. Una vez dentro descubrí que han excavado unas cuantas plantas subterráneas, y lo que parecía una visita corta se convirtió en varias horas de pasear por las galerías. Incluso tuve que hacer un descanso para comer el restaurante del museo. Lo que más me gustó fue la sección de arte aborigen y el ala dedicada a la pintura clásica europea o de inspiración europea, que me recordó al Louvre o a El Prado. Las exposiciones temporales me dejaron un poco más frío: la de Sydney Modern describe la modernización de la ciudad, por ejemplo la construcción del Harbour Bridge, y la de dibujos y grabados españoles es un poco aburrida.


Tras la visita al museo y un paseo por los jardines botánicos para aprovechar el día veraniego que disfrutamos ayer, volví a casa y estuve siguiendo con curiosidad el resultado de las elecciones legislativas australianas. Como estaba previsto, hubo un cambio de color político, y el gobierno laborista pagó el desgaste de sus peleas internas y salió fuertemente derrotado. Durante los próximos años, Australia tendrá un gobierno liberal. Conviene aclarar que "liberal" significa "conservador". El nuevo primer ministro, el tercero este año, Tony Abbott, tiene unas ideas retrógradas en asuntos como la ecología y los derechos civiles. También tiene una reputación de escasa simpatía por la causa feminista, con algunas declaraciones que harían sonrojarse a Silvio Berlusconi. Para completar el perfil, añadamos que es un ex-seminarista católico de educación jesuita, activista pro-monárquico y que destacó como boxeador en la universidad de Oxford.

Mi impresión es que la campaña ha sido menos asfixiante que las españolas, quizás porque el resultado parecía inamovible desde el principio. Como aquí no tienen que soportar los terribles niveles de corrupción, crisis y paro que sufre España, la campaña se ha centrado en otros temas. Por ejemplo, el balance entre la conservación del entorno y una economía basada en el sector primario. En los últimos años, Australia ha conseguido soslayar la crisis gracias a sus enormes exportaciones de carbón, hierro y gas natural. El gobierno laborista saliente a duras penas consiguió establecer un impuesto sobre el CO2, para que las empresas contaminantes pagasen. Pese a ello, las emisiones de CO2 per capita de Australia duplican a las de otros países poco ejemplares como España. El nuevo Primer Ministro, negacionista o por lo menos escéptico del cambio climático y con preocupantes lagunas en química, ha prometido eliminar rápidamente este impuesto verde. En su famoso documental, Al Gore citaba a Upton Sinclair: "Es difícil que una persona entienda algo si su salario depende de que no lo entienda".

Las infraestructuras de banda ancha también han sido tema de debate. El gobierno saliente puso en marcha un plan llamado NBN para paliar el absurdo atraso tecnológico de Australia, un país rico donde las conexiones a Internet no están a la altura. El nuevo gobierno, más preocupado por cuadrar las cuentas públicas y tener una Hacienda con superávit, ha anunciado que continuará con una versión descafeinada del NBN, sustituyendo la fibra óptica por otras tecnologías más baratas pero que quedaron obsoletas el siglo pasado.

Otros asunto que ha surgido durante la campaña ha sido el matrimonio homosexual, cuya aprobación parece imposible a la vista de las posiciones poco progresistas del nuevo gobierno. También se ha discutido sobre la inmigración, tanto la legal (visas de trabajo como la mía) como la ilegal (llegada de barcas llenas de inmigrantes a las costas del norte de Australia). En este último tema, los dos grandes partidos parecen competir para ver quién tiene una postura menos solidaria.

La cobertura que han hecho los medios de la campaña y las elecciones también me ha sorprendido. La prensa y televisión, fuertemente controladas por un único empresario, se han decantado de forma casi unánime por los conservadores. No han ahorrado en descalificaciones sin delicadeza hacia el gobierno saliente ("Echemos a esta mafia", titulaba el Daily Telegraph) o en poco sutiles indicaciones para los votantes ("Australia necesita a Tony", proclamaba el Sydney Morning Herald a toda página el pasado domingo).  Ayer estuve zapeando para ver la cobertura de la noche electoral en distintos canales. Casi se me atraganta la cena al ver cómo el Channel Nine procedía a arrojar a los tiburones a los cargos electos desalojados, ante el regocijo de los comentaristas políticos. El video habla por si mismo.