Mostrando entradas con la etiqueta elecciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta elecciones. Mostrar todas las entradas

sábado, 21 de mayo de 2022

Votando en Australia

Hoy se celebran elecciones generales en Australia para renovar las cámaras del parlamento, que a continuación elegirán al nuevo Primer Ministro. En este blog ya he hablado de varias elecciones anteriores, indicando algunas de las diferencias con el sistema español, por ejemplo con ocasión de las elecciones generales de hace 3 años. Para mi, esta ha sido la primera vez que acudo a las urnas en Australia, ya que las elecciones de hace 3 años coincidieron con mi obtención de la ciudadanía, y las municipales del año pasado me pillaron fuera del país y tuve que votar por correo.

Hay un buen número de diferencias con respecto a las votaciones en España. Para empezar, Australia es uno de los pocos países del mundo donde el voto es obligatorio. Sobre esto hay opiniones para todos los gustos, desde los que dicen que participación de todos los ciudadanos legitima el resultado hasta los que dicen que fomenta el desapego. Entre otras consecuencias, la obligación de votar evita que los partidos especulen con la participación, o que el buen/mal tiempo influya en los resultados, y también elimina la posibilidad de suprimir el voto de ciertos grupos como sucede en América.

En segundo lugar, no hay mesas asignadas. Los ciudadanos pueden votar en cualquier colegio electoral, lo que es muy curioso porque las elecciones son por circunscripciones (151) que eligen a un único parlamentario, así que el valor de un voto puede variar mucho según donde se emita.

Otra diferencia muy sorprendente: al llegar al colegio electoral solo hay que dar el nombre. Los funcionarios buscan el nombre en un enorme libro con el censo completo, como si fuera una guía telefónica. No hace falta presentar ningún carnet para probar la identidad. Cuando el funcionario localiza el nombre, lo tacha del enorme listín y hace una pregunta: "¿ha votado ya usted en estas elecciones?". Si la respuesta es negativa, el funcionario entrega dos papeletas (una para cada cámara). Efectivamente: la votación es básicamente un sistema de honor. El estado confía en que la inmensa mayoría de la población no va a mentir sobre su identidad y no va a pasarse todo el día yendo de mesa en mesa para votar múltiples veces. Algunos partidos han propuesto que habría que pedir algún documento para verificar la identidad, pero la tradición parece muy arraigada, y según los estudios, el nivel de fraude es muy bajo.

Los australianos eligen a personas, no a partidos. En la papeleta verde de la cámara baja hay una lista de candidatos (8 en mi circunscripción). Para que el voto sea válido, hay que poner un número del 1 al 8 junto al nombre de cada candidato, por orden de preferencia. Si te olvidas de votar a alguno de los candidatos, o los números no son correlativos, el voto es nulo. Esto significa que todos los australianos están obligados a expresar su grado relativo de preferencia respecto a todas las opciones políticas. Para facilitar esta tarea, los candidatos emiten unas guías de "how to vote", en las que sugieren como rellenar la papeleta. Estas guías forman parte de la publicidad electoral, y también se distribuyen mediante voluntarios en la puerta del colegio. Obviamente cada candidato se pone como número 1 en su guía, y luego se retrata exponiendo sus preferencias con respecto al resto de candidatos en función a sus afinidades políticas o pactos de recomendación mutua. Esto provoca ciertos escándalos, por ejemplo cuando un candidato que se proclama moderado y de centro pone a candidatos ultras, populistas y racistas por delante de sus principales rivales.

La papeleta del senado es aún más complicada y parece una sábana. Se presentan más de un centenar de candidatos (para 6 puestos). Afortunadamente no hay que puntuarlos a todos. Hay dos formas de rellenar esta papeleta. En la parte superior ("above the line") están los nombres de los partidos. Basta con poner números del 1 al 6, aunque si se quiere se puede continuar hasta puntuarlos a todos. El voto no va para el partido, sino para los 6 candidatos nominados por el partido. Pero si se quiere votar individualmente a las personas, se puede hacer en la parte inferior de la papeleta.

En el caso de la cámara baja, si alguno de los elegidos no puede completar la legislatura, por ejemplo por dimitir tras algún escándalo o para presentarse a otro puesto, se convocan nuevas elecciones en la circunscripción correspondiente para elegir a un sustituto. En el sistema australiano el "transfugismo" no existe con la misma connotación que en España, ya que en la votación queda muy claro que el electorado ha elegido a la persona y no al partido, y el concepto de "lealtad" al partido (o al líder del partido) es mucho menor que en España.

Quizás debido al sistema de pequeñas circunscripciones (alrededor de 100,000 habitantes), los políticos australianos son más cercanos y accesibles. Los ciudadanos conocen el nombre de su parlamentario, que no solo vive allí sino que además tiene un local en la calle principal del pueblo o ciudad, como si fuera el frutero o el kiosquero. Los ciudadanos pueden ir allí para discutir sus problemas. Los datos de contacto de los parlamentarios, como su teléfono móvil, están disponibles en su página web (por ejemplo, esta ha sido mi diputada durante los últimos 3 años), que también incluye su currículum, titulaciones, discursos en el parlamento, votaciones, etc. He tratado de encontrar algo similar en España y lo más parecido es la impersonal página web de los grupos electorales con una dirección de contacto genérica.

Volviendo a la jornada electoral, las personas que facilitan la votación en el colegio electoral no son ciudadanos elegidos por sorteo como en España, sino funcionarios de la comisión electoral. Los ciudadanos (y los partidos) pueden apuntarse como observadores, pero no participan en la ceremonia ni en el recuento. La urna parece más un buzón de sugerencias junto a la puerta de salida que una urna de metacritalo ferozmente guardada por el presidente y el resto de la mesa. Teniendo el cuenta que el recuento puede durar semanas, y que algunas urnas abren dos semanas antes de la jornada electoral para permitir el voto presencial adelantado, parece inevitable que los involucrados sean necesariamente funcionarios.

Una tradición muy australiana es la llamada "Democracy Sausage": grupos de vecinos instalan una barbacoa y venden salchichas a la salida del colegio electoral para recaudar fondos para causas benéficas. En mi colegio electoral también pude ver mesas llenas de dulces caseros (cuidadosamente anotados con una lista detallada de ingredientes), también a la venta para recaudar fondos. Todo ello contribuye a dar una nota festiva a la jornada electoral.

Actualización (3/Jul/2022): tras las elecciones, una nueva diputada ha sido elegida en mi circunscripción. Es una mujer de ascendencia China, cuyos padres llegaron a Australia huyendo de Laos durante la guerra de Vietnam. A las pocas semanas de salir elegida, me ha llegado por correo una tarjeta de presentación que incluye no solo los datos de contacto de la nueva parlamentaria, sino también un formulario para hacerle llegar una lista de asuntos que preocupan a cada ciudadano:

martes, 13 de septiembre de 2016

Elecciones municipales

El pasado Sábado se celebraron elecciones en varios municipios.

El municipio de la ciudad de Sydney es relativamente pequeño. Solo incluye los barrios más céntricos, con una población de 170.000 habitantes, es decir, menor que Oviedo. En comparación, el área metropolitana tiene un total 5 millones de habitantes.

En Sydney la alcaldesa Clover Moore revalidó su puesto para un cuarto mandato con una amplia mayoría. La reelección parecía cantada gracias a su popularidad. La señora Moore es una candidata independiente, no asociada con ninguno de los partidos tradicionales. Entre sus méritos se cuentan su apuesta por las energías verdes, unas cuentas saneadas, la construcción de una creciente red de carriles bici o su compromiso con los derechos de los homosexuales. También se le reconoce un gobierno libre de escándalos de corrupción (que también existe por estas latitudes) y de juegos de sillas (como en el gobierno nacional). Y a pesar de la enorme inflación de los precios del suelo, el gobierno municipal se ha mantenido relativamente al margen de las grandes operaciones especulativas llevadas a cabo sobre todo por otras administraciones (por ejemplo Barangaroo y otros casos), e incluso ha denunciado algunos de esos manejes.

Lamentablemente, en lugar de admiración e inspiración, los líderes de estas otras administraciones, especialmente el gobierno del estado de New South Wales, parecen más interesados en desalojar a Moore. En 2012 hicieron una ley de incompatibilidades para obligarla a renunciar a su escaño en el parlamento estatal; la iniciativa fue tan obviamente dirigida que la ley se conoce por el sobrenombre de "Get Clover Law". Moore tuvo que abandonar el escaño y concentrarse en la alcaldía.

El año pasado volvieron a la carga y aprobaron otra ley que otorga doble voto obligatorio a todos los negocios de Sydney en las elecciones municipales. La justificación democrática de esta forma de votar escapa a mi comprensión. Siendo bondadoso, podría pensarse que los asuntos de una capital financiera tan importante como Sydney son demasiado importantes como para dejarlos en manos de unos miles de habitantes simpatizantes de las bicicletas; los empresarios sin duda están más capacitados (el doble, para ser preciso) para hacer una buena elección. Para ser justos, hay que decir que otras ciudades como Londres usan un sistema similar. Sin embargo, ni aún así: en las elecciones del Sábado, las primeras con este nuevo sistema de voto, Moore salió reelegida y amplió su ventaja.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Art Gallery y elecciones

Ayer visité la NSW Art Gallery, el museo de arte clásico más importante de la ciudad. Me sorprendió por su tamaño, que difícilmente se adivina al mirar la fachada. Una vez dentro descubrí que han excavado unas cuantas plantas subterráneas, y lo que parecía una visita corta se convirtió en varias horas de pasear por las galerías. Incluso tuve que hacer un descanso para comer el restaurante del museo. Lo que más me gustó fue la sección de arte aborigen y el ala dedicada a la pintura clásica europea o de inspiración europea, que me recordó al Louvre o a El Prado. Las exposiciones temporales me dejaron un poco más frío: la de Sydney Modern describe la modernización de la ciudad, por ejemplo la construcción del Harbour Bridge, y la de dibujos y grabados españoles es un poco aburrida.


Tras la visita al museo y un paseo por los jardines botánicos para aprovechar el día veraniego que disfrutamos ayer, volví a casa y estuve siguiendo con curiosidad el resultado de las elecciones legislativas australianas. Como estaba previsto, hubo un cambio de color político, y el gobierno laborista pagó el desgaste de sus peleas internas y salió fuertemente derrotado. Durante los próximos años, Australia tendrá un gobierno liberal. Conviene aclarar que "liberal" significa "conservador". El nuevo primer ministro, el tercero este año, Tony Abbott, tiene unas ideas retrógradas en asuntos como la ecología y los derechos civiles. También tiene una reputación de escasa simpatía por la causa feminista, con algunas declaraciones que harían sonrojarse a Silvio Berlusconi. Para completar el perfil, añadamos que es un ex-seminarista católico de educación jesuita, activista pro-monárquico y que destacó como boxeador en la universidad de Oxford.

Mi impresión es que la campaña ha sido menos asfixiante que las españolas, quizás porque el resultado parecía inamovible desde el principio. Como aquí no tienen que soportar los terribles niveles de corrupción, crisis y paro que sufre España, la campaña se ha centrado en otros temas. Por ejemplo, el balance entre la conservación del entorno y una economía basada en el sector primario. En los últimos años, Australia ha conseguido soslayar la crisis gracias a sus enormes exportaciones de carbón, hierro y gas natural. El gobierno laborista saliente a duras penas consiguió establecer un impuesto sobre el CO2, para que las empresas contaminantes pagasen. Pese a ello, las emisiones de CO2 per capita de Australia duplican a las de otros países poco ejemplares como España. El nuevo Primer Ministro, negacionista o por lo menos escéptico del cambio climático y con preocupantes lagunas en química, ha prometido eliminar rápidamente este impuesto verde. En su famoso documental, Al Gore citaba a Upton Sinclair: "Es difícil que una persona entienda algo si su salario depende de que no lo entienda".

Las infraestructuras de banda ancha también han sido tema de debate. El gobierno saliente puso en marcha un plan llamado NBN para paliar el absurdo atraso tecnológico de Australia, un país rico donde las conexiones a Internet no están a la altura. El nuevo gobierno, más preocupado por cuadrar las cuentas públicas y tener una Hacienda con superávit, ha anunciado que continuará con una versión descafeinada del NBN, sustituyendo la fibra óptica por otras tecnologías más baratas pero que quedaron obsoletas el siglo pasado.

Otros asunto que ha surgido durante la campaña ha sido el matrimonio homosexual, cuya aprobación parece imposible a la vista de las posiciones poco progresistas del nuevo gobierno. También se ha discutido sobre la inmigración, tanto la legal (visas de trabajo como la mía) como la ilegal (llegada de barcas llenas de inmigrantes a las costas del norte de Australia). En este último tema, los dos grandes partidos parecen competir para ver quién tiene una postura menos solidaria.

La cobertura que han hecho los medios de la campaña y las elecciones también me ha sorprendido. La prensa y televisión, fuertemente controladas por un único empresario, se han decantado de forma casi unánime por los conservadores. No han ahorrado en descalificaciones sin delicadeza hacia el gobierno saliente ("Echemos a esta mafia", titulaba el Daily Telegraph) o en poco sutiles indicaciones para los votantes ("Australia necesita a Tony", proclamaba el Sydney Morning Herald a toda página el pasado domingo).  Ayer estuve zapeando para ver la cobertura de la noche electoral en distintos canales. Casi se me atraganta la cena al ver cómo el Channel Nine procedía a arrojar a los tiburones a los cargos electos desalojados, ante el regocijo de los comentaristas políticos. El video habla por si mismo.