Hoy ha circulado un tranvía por el centro de Sydney. La última vez que eso sucedió fue en 1961.
Durante más de 80 años, Sydney tuvo una de las mayores redes de tranvías del mundo. Casi 300 kilómetros de longitud, 1,600 vehículos y 400 millones de pasajeros al año. Pero a mediados del siglo XX, los planificadores urbanos consideraron que el medio de transporte del futuro era el automóvil privado y el autobús. La red fue desmantelada, los raíles fueron cubiertos con asfalto, y los vehículos fueron incinerados, excepto los que se conservan en museos. Las cocheras fueron derribadas o destinadas a otros usos. La más espectacular de estas transformaciones fue tuvo lugar en Fort Macquarie: en el solar que en su día ocuparon los tranvías se levanta ahora la icónica Sydney Opera House.
Durante las siguientes décadas, los automóviles y autobuses se apoderaron de las principales calles de Sydney. Cuando llegué aquí, mi primer pensamiento fue que esta ciudad desaprovechaba su potencial. Comparada con ciudades europeas, cuyos centros urbanos han sido últimamente recuperados para los peatones, las principales calles de Sydney mostraban un triste panorama de estrechas aceras e largas filas de autobuses haciendo la conga a paso de tortuga.
En 2015 comenzaron las obras para volver a instalar un tranvía por la calle principal de Sydney. Se trata de una modesta ruta de 10 kilómetros, pero con enorme potencial para transformar la ciudad. Varios tramos de George Street han sido peatonalizados y convertidos en bulevares, haciéndolos mucho más atractivos. Por desgracia, también ha sido necesario instalar antiestéticas barricadas anti-terrorismo.
Los tranvías que han empezado a circular hoy son inusualmente largos. Miden 67 metros de longitud, casi un récord mundial. Naturalmente los andenes también son igualmente largos. En la parte más alejada del centro la ruta tiene pantógrafos, pero en George Street se ha instalado un sistema de alimentación por el suelo mediante un "tercer raíl" dividido en segmentos. Solo los segmentos que quedan debajo del vehículo tienen tensión.
Pese a transcurrir casi íntegramente sobre una de las antiguas líneas de tranvía, la construcción de esta moderna línea ha estado plagada de problemas, litigios, retrasos y sobrecostes. La construcción ha durado 4 años, y todavía no está completa (una de las ramas se terminará dentro de unos meses). El contrato fue adjudicado en 2014 a una empresa española, Acciona, la misma empresa que perforó los túneles de la variante de Pajares. El proyecto debía haber costado 1.6 billones de dólares y menos de 3 años. Pero cuando las obras ya habían comenzado y las principales arterias de Sydney se habían convertido en ruidosas trincheras, la empresa denunció a la administración porque, al parecer, no le habían facilitado toda la información necesaria ni habían asegurado la colaboración de las distribuidoras de gas y electricidad. Resulta que al levantar el asfalto de las calles más antiguas de la ciudad más antigua de Australia aparecieron no solo los antiguos railes, sino también canalizaciones de gas y electricidad que no figuraban en los esquemas, y hasta un cementerio de la época colonial. El proyecto acumuló retrasos, para desesperación de los ciudadanos y de los comerciantes de las calles afectadas. A día de hoy, con las obras entregadas solo parcialmente, el coste se eleva a casi 3 billones de dólares, más una concesión para la explotación de la línea durante dos décadas, es decir un coste comparable a la variante de Pajares. Como las autoridades han admitido, eliminar el tranvía en 1961 no fue una gran idea, y quizás habría que haberlo mantenido funcionando, como hizo Melbourne.
Mostrando entradas con la etiqueta sydney. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sydney. Mostrar todas las entradas
sábado, 14 de diciembre de 2019
martes, 9 de octubre de 2018
Anuncios de carreras y apuestas
Hace 6 años, recién llegado a Australia, escribí un par de artículos (uno y dos) en tono divertido acerca de una de las primeras "tradiciones" que me encontré al llegar a esta parte del mundo. Se trata de la Melbourne Cup, "la carrera (de caballos) que paraliza al país". Con el tiempo he ido dándome cuenta de lo que realmente representa este evento: desde la glorificación de las apuestas hasta la muerte de algunos de los caballos inmediatamente tras la carrera (2 muertes en 2014, otra en 2015... se calcula que unos 100 caballos mueren al año en Australia al terminar una carrera, por diversos motivos).
Debido a la rivalidad entre las dos grandes ciudades australianas, Sydney, capital de Nueva Gales del Sur (NSW), no quiere quedarse atrás. Una rama del gobierno estatal llamada Racing NSW promueve una carrera alternativa llamada Everest, cuya primera edición se celebró el año pasado en un suburbio del centro de Sydney. El evento se publicita como "la carrera más cara del mundo" y el premio para el ganador excede los 10 millones de dólares. Por supuesto, alrededor del evento se desarrolla una enorme actividad de apuestas. La segunda edición se celebrará en apenas unos días.
Este año, Racing NSW quería crear aún más publicidad y expectación. Elevaron al gobierno la idea de declarar el día festivo, como sucede en Melbourne con su carrera, lo cual no fue aprobado. También planearon una maniobra publicitaria espectacular: proyectar sobre las velas del Sydney Opera House el resultado del sorteo de las calles de salida, incluyendo los nombres y dorsales de los caballos, así como los logotipos y colores de la carrera y los patrocinadores. Sin embargo, se encontraron con un problema: la gerente del Opera House (también dependiente del gobierno) se negó. Aunque las velas se iluminan de vez en cuando por diversos motivos, como el Vivid Sydney Festival, el Mardi Gras o celebraciones de triunfos deportivos, los motivos que se proyectan no incluyen textos, logotipos, nombres ni marcas.
La gerente del Opera House parecía tener la razón de su lado... hasta que intervino Alan Jones. Se trata de un locutor radiofónico "neo con" que lleva décadas en antena atendiendo a una limitada pero fervorosa audiencia. Acumula un gran historial de juicios por difamación. Su opinión sobre el cambio climático es que se trata de una farsa, una conspiración para formar un gobierno mundial. Cuando el padre de la entonces Primera Ministra Julia Gillard falleció, Alan sugirió que se había "muerto de vergüenza". También fue condenado por divulgar la identidad de un menor que era testigo protegido en un caso de asesinato. Pese a estas credenciales, que son solo un pequeño extracto de su página en la Wikipedia, Alan goza de una enorme influencia sobre los políticos, especialmente los más conservadores.
Alan Jones, quien no solo tiene pasión por los caballos sino también presuntos intereses económicos en la carrera, entrevistó en directo hace unos días a la gerente del Opera House y con gran agresividad trató de conseguir que revocara su decisión de no permitir la proyección de la publicidad. No consiguió lo que buscaba. Elevando aún más la presión, amenazó con lograr el despido de la gerente, para lo cual llamó también a Gladys Berejiklian, la actual Premier del gobierno de NSW. Gladys no tuvo el coraje necesario. Inmediatamente se plegó a las exigencias de Alan e impuso la autoridad ejecutiva para forzar al Opera House a recibir la proyección.
El asunto no ha dejado indiferente a nadie en Sydney. Durante los últimos días el escándalo no ha hecho más que engordar. El dócil nuevo Primer Ministro del país ha mostrado su entusiasmo por la proyección afirmando que el Opera House es "the biggest billboard in the city", es decir, la mayor valla publicitaria disponible, y olvidándose de que también es Patrimonio de la UNESCO, querido símbolo de la ciudad y una de las obras arquitectónicas más importantes del siglo XX.
Se han recogido cientos de miles de firmas para pedir que la proyección no ocurra. Las protestas vienen desde varios ángulos: defensores de los animales, personas preocupadas por la publicidad de apuestas, defensores de la no-comercialización del Opera House, y ciudadanos escandalizadas por la forma en la que un locutor de radio controla a los cargos políticos electos como si fueran títeres, sin tapujos y en pleno directo radiofónico. Para colmo de la ironía, esta semana estaba programada por el propio gobierno como "semana de concienciación contra las apuestas", un vicio/negocio que genera 20 billones de dólares al año, lo que equivale a 1000 dólares al año por cada australiano.
Para ser justos, hay que recordar que la historia del Opera House no puede separarse de las apuestas. La construcción del edificio llevó décadas, y para sufragarla el gobierno organizó una lotería pública que funcionó durante 40 años. Solo una fracción del coste salió directamente de las arcas públicas.
Finalmente, esta noche se ha producido el sorteo de las calles de salida. Pese a las manifestaciones delante del edificio y las maniobras de los organizadores para despistarles, la proyección ha tenido lugar.
Debido a la rivalidad entre las dos grandes ciudades australianas, Sydney, capital de Nueva Gales del Sur (NSW), no quiere quedarse atrás. Una rama del gobierno estatal llamada Racing NSW promueve una carrera alternativa llamada Everest, cuya primera edición se celebró el año pasado en un suburbio del centro de Sydney. El evento se publicita como "la carrera más cara del mundo" y el premio para el ganador excede los 10 millones de dólares. Por supuesto, alrededor del evento se desarrolla una enorme actividad de apuestas. La segunda edición se celebrará en apenas unos días.
Este año, Racing NSW quería crear aún más publicidad y expectación. Elevaron al gobierno la idea de declarar el día festivo, como sucede en Melbourne con su carrera, lo cual no fue aprobado. También planearon una maniobra publicitaria espectacular: proyectar sobre las velas del Sydney Opera House el resultado del sorteo de las calles de salida, incluyendo los nombres y dorsales de los caballos, así como los logotipos y colores de la carrera y los patrocinadores. Sin embargo, se encontraron con un problema: la gerente del Opera House (también dependiente del gobierno) se negó. Aunque las velas se iluminan de vez en cuando por diversos motivos, como el Vivid Sydney Festival, el Mardi Gras o celebraciones de triunfos deportivos, los motivos que se proyectan no incluyen textos, logotipos, nombres ni marcas.
La gerente del Opera House parecía tener la razón de su lado... hasta que intervino Alan Jones. Se trata de un locutor radiofónico "neo con" que lleva décadas en antena atendiendo a una limitada pero fervorosa audiencia. Acumula un gran historial de juicios por difamación. Su opinión sobre el cambio climático es que se trata de una farsa, una conspiración para formar un gobierno mundial. Cuando el padre de la entonces Primera Ministra Julia Gillard falleció, Alan sugirió que se había "muerto de vergüenza". También fue condenado por divulgar la identidad de un menor que era testigo protegido en un caso de asesinato. Pese a estas credenciales, que son solo un pequeño extracto de su página en la Wikipedia, Alan goza de una enorme influencia sobre los políticos, especialmente los más conservadores.
Alan Jones, quien no solo tiene pasión por los caballos sino también presuntos intereses económicos en la carrera, entrevistó en directo hace unos días a la gerente del Opera House y con gran agresividad trató de conseguir que revocara su decisión de no permitir la proyección de la publicidad. No consiguió lo que buscaba. Elevando aún más la presión, amenazó con lograr el despido de la gerente, para lo cual llamó también a Gladys Berejiklian, la actual Premier del gobierno de NSW. Gladys no tuvo el coraje necesario. Inmediatamente se plegó a las exigencias de Alan e impuso la autoridad ejecutiva para forzar al Opera House a recibir la proyección.
El asunto no ha dejado indiferente a nadie en Sydney. Durante los últimos días el escándalo no ha hecho más que engordar. El dócil nuevo Primer Ministro del país ha mostrado su entusiasmo por la proyección afirmando que el Opera House es "the biggest billboard in the city", es decir, la mayor valla publicitaria disponible, y olvidándose de que también es Patrimonio de la UNESCO, querido símbolo de la ciudad y una de las obras arquitectónicas más importantes del siglo XX.
Se han recogido cientos de miles de firmas para pedir que la proyección no ocurra. Las protestas vienen desde varios ángulos: defensores de los animales, personas preocupadas por la publicidad de apuestas, defensores de la no-comercialización del Opera House, y ciudadanos escandalizadas por la forma en la que un locutor de radio controla a los cargos políticos electos como si fueran títeres, sin tapujos y en pleno directo radiofónico. Para colmo de la ironía, esta semana estaba programada por el propio gobierno como "semana de concienciación contra las apuestas", un vicio/negocio que genera 20 billones de dólares al año, lo que equivale a 1000 dólares al año por cada australiano.
Para ser justos, hay que recordar que la historia del Opera House no puede separarse de las apuestas. La construcción del edificio llevó décadas, y para sufragarla el gobierno organizó una lotería pública que funcionó durante 40 años. Solo una fracción del coste salió directamente de las arcas públicas.
Finalmente, esta noche se ha producido el sorteo de las calles de salida. Pese a las manifestaciones delante del edificio y las maniobras de los organizadores para despistarles, la proyección ha tenido lugar.
miércoles, 19 de septiembre de 2018
Profetas del desastre
Esta podría ser la última entrada en este blog. Dentro de unas horas, Sydney podría ser barrido por un tsunami, y después sacudido por un terremoto (en este orden antinatural). Al menos, eso es lo que algunos profetas anuncian.
Hace un par de meses aparecieron en las farolas y buzones de algunos barrios de Sydney unos pasquines anunciando con estremecedora precisión el advenimiento de dos devastadores azotes:
Esta semana, algunos de los profetas que habitualmente se suben a un taburete alrededor del ayuntamiento y hacen oír sus mensajes a través de un megáfono se dedicaron a estremecer a la ciudadanía, tanto en la calle como en los andenes del metro:
¿Libertad de expresión/religión o terrorismo? ¿Y si en lugar de gritar el nombre de Jesús, los profetas gritasen el de Alá mientras anuncian la muerte inminente de miles de personas?
Hace un par de meses aparecieron en las farolas y buzones de algunos barrios de Sydney unos pasquines anunciando con estremecedora precisión el advenimiento de dos devastadores azotes:
(Foto: troybramston@Twitter)
Esta semana, algunos de los profetas que habitualmente se suben a un taburete alrededor del ayuntamiento y hacen oír sus mensajes a través de un megáfono se dedicaron a estremecer a la ciudadanía, tanto en la calle como en los andenes del metro:
(Foto: Reddit)
¿Libertad de expresión/religión o terrorismo? ¿Y si en lugar de gritar el nombre de Jesús, los profetas gritasen el de Alá mientras anuncian la muerte inminente de miles de personas?
viernes, 9 de marzo de 2018
Los trenes que no caben por los túneles
Hace unas semanas dediqué una entrada en este blog al ministro de Transportes de Nueva Gales del Sur a propósito de la calamitosa gestión de la renovación de parte de la flota de transbordadores. Sin embargo, eso es solo la punta del iceberg. El ministerio está recibiendo fuertes críticas por su gestión de otros medios de transporte aún más populares que los transbordadores.
Sydney es una ciudad de 5 millones de habitantes y una enorme extensión. Muchos de ellos utilizan sus vehículos privados para desplazarse al trabajo a través de una red de autopistas de peaje y calles urbanas. El ministerio está ejecutando un carísimo megaproyecto de nuevas autopistas subterráneas de peaje que parece no convencer a nadie. El tren es también muy popular: cada día se realizan más de un millón de viajes en ferrocarril "pesado", ya que Sydney no dispone aún de una red de metro.
La red de ferrocarriles es antigua y algo caótica. Varias de las líneas estaban al cerca del límite de saturación hasta que hace un par de meses el ministerio renovó los horarios y añadió nuevos servicios. Algunas voces con conocimiento de la materia indicaron que llevar la red al límite teórico de su capacidad tendría consecuencias negativas, ya que se eliminaba el margen para recuperarse de cualquier incidente. Los hechos no tardaron en darles la razón. En las últimas semanas, una sucesión de averías, huelgas y tormentas han causado varios colapsos, dejando a miles de viajeros tirados en las estaciones, atrapados en los trenes o haciendo colas durante horas esperando a que pasase un tren que no estuviera lleno. Por ejemplo, un día hubo un incendio por la mañana en unos andamios en un edificio en demolición junto a la estación de Circular Quay, en el corazón de la ciudad. Aunque sólo una fracción de las líneas de tren pasan por la estación de Circular Quay, el caos se propagó a otras líneas y 6 horas después, en plena hora punta de la tarde, varias de las líneas tenían serios retrasos.
Los accidentes parecen haberse multiplicado también. En los últimos meses, dos trenes han chocado contra los topes de vía en sus estaciones terminales, causando docenas de heridos. Esta semana un tren se ha incendiado en medio de las Blue Mountains y afortunadamente todos los viajeros han podido ser evacuados. Los gestores ferroviarios han tenido que dar marcha atrás y han anunciado una reducción de frecuencias y servicios para aliviar la saturación.
No resulta sorprendente que los trenes de la línea que llega a las Blue Mountains se incendien. Los vehículos que sirven esta línea tienen 30-40 años de antigüedad y parecen piezas de museo. Afortunadamente hay un plan para reemplazarlos. En 2016 el ministerio adjudicó un contrato de más de 2 billones de dólares a una empresa coreana para construir nuevos trenes específicamente para esa línea. El primero de los trenes llegará a Australia el próximo año. Solo hay un problema. La línea de las Blue Mountains, de la que también hablé en este blog, es antigua y tiene múltiples túneles y una veintena de pequeñas estaciones. Y aunque parezca difícil de creer, los nuevos trenes encargados a medida a Corea son demasiado anchos para los túneles y los andenes de la ruta. Así, como suena: los nuevos trenes no caben por los túneles. Miden 3.1 metros de ancho, 10 centímetros más que los actuales trenes. El ministerio ha reconocido que efectivamente habrá que hacer algunas obras para ensanchar determinados túneles y andenes, por un coste aún no especificado. Previsiblemente las obras obligarán a cerrar la línea durante meses. Las autoridades ofrecen argumentos contradictorios: por un lado dicen que de esta manera la línea de las Blue Mountains tendrá las misma características que otras líneas. Por otro lado, están estudiando reducir los márgenes de seguridad, que actualmente exigen una distancia de 20 centímetros entre el vehículo y la pared del túnel, para evitar tener que reconstruir la línea. Es inevitable preguntarse cómo es posible adjudicar un contrato de 2 billones de dólares para construir trenes "a medida" y encontrarse después con este problema. Aprovechando la oportunidad, el colegio de ingenieros de Nueva Gales del Sur ha recordado que la legislación de este estado no requiere que un ingeniero profesional firme el proyecto, lo que sugiere la terrible visión de que el contrato pudiera haber sido negociado por burócratas que no saben usar una cinta métrica.
domingo, 3 de septiembre de 2017
Pyrmont - Watsons Bay - Bondi
Este es un paseo urbano que comienza cruzando el corazón de la ciudad, el CBD, en sentido oeste-este. En esta dirección, el CBD es muy estrecho, y en apenas unos minutos se llega desde el Pyrmont hasta The Domain, atravesando el Pyrmont Bridge y también el parque central llamado Hyde Park. El siguiente barrio tiene el sonoro nombre de Wooloomooloo (8 'oes' en la misma palabra, ahi queda eso). Después se suceden varias bahías: Rushcutters Bay, Double Bay and Rose Bay. Aquí se abandona el asfalto y se continua por una pasarela de madera a través de varios parques y playas con estupendas vistas del puerto. En Vaucluse se vuelve a callejear por barrios de casas opulentas y se cruza la playa de Parsley a través de un puente colgante sobre el agua. Enseguida se llega a Watsons Bay, un lugar con vistas de postal. En lugar de continuar para rodear el South Head, subí hasta The Gap, un acantilado sobre el océano, y punto de comienzo de la ruta costera que desciende hasta Bondi y que ya describí anteriormente (aunque en sentido contrario). Desde los acantilados de esta ruta pude contemplar varias ballenas muy cerca de la costa. Un largo pero bonito paseo, aunque en esta ocasión algo deslucido por la intensa humareda de las quemas preventivas.
Powered by Wikiloc
martes, 13 de septiembre de 2016
Elecciones municipales
El pasado Sábado se celebraron elecciones en varios municipios.
El municipio de la ciudad de Sydney es relativamente pequeño. Solo incluye los barrios más céntricos, con una población de 170.000 habitantes, es decir, menor que Oviedo. En comparación, el área metropolitana tiene un total 5 millones de habitantes.
En Sydney la alcaldesa Clover Moore revalidó su puesto para un cuarto mandato con una amplia mayoría. La reelección parecía cantada gracias a su popularidad. La señora Moore es una candidata independiente, no asociada con ninguno de los partidos tradicionales. Entre sus méritos se cuentan su apuesta por las energías verdes, unas cuentas saneadas, la construcción de una creciente red de carriles bici o su compromiso con los derechos de los homosexuales. También se le reconoce un gobierno libre de escándalos de corrupción (que también existe por estas latitudes) y de juegos de sillas (como en el gobierno nacional). Y a pesar de la enorme inflación de los precios del suelo, el gobierno municipal se ha mantenido relativamente al margen de las grandes operaciones especulativas llevadas a cabo sobre todo por otras administraciones (por ejemplo Barangaroo y otros casos), e incluso ha denunciado algunos de esos manejes.
Lamentablemente, en lugar de admiración e inspiración, los líderes de estas otras administraciones, especialmente el gobierno del estado de New South Wales, parecen más interesados en desalojar a Moore. En 2012 hicieron una ley de incompatibilidades para obligarla a renunciar a su escaño en el parlamento estatal; la iniciativa fue tan obviamente dirigida que la ley se conoce por el sobrenombre de "Get Clover Law". Moore tuvo que abandonar el escaño y concentrarse en la alcaldía.
El año pasado volvieron a la carga y aprobaron otra ley que otorga doble voto obligatorio a todos los negocios de Sydney en las elecciones municipales. La justificación democrática de esta forma de votar escapa a mi comprensión. Siendo bondadoso, podría pensarse que los asuntos de una capital financiera tan importante como Sydney son demasiado importantes como para dejarlos en manos de unos miles de habitantes simpatizantes de las bicicletas; los empresarios sin duda están más capacitados (el doble, para ser preciso) para hacer una buena elección. Para ser justos, hay que decir que otras ciudades como Londres usan un sistema similar. Sin embargo, ni aún así: en las elecciones del Sábado, las primeras con este nuevo sistema de voto, Moore salió reelegida y amplió su ventaja.
El municipio de la ciudad de Sydney es relativamente pequeño. Solo incluye los barrios más céntricos, con una población de 170.000 habitantes, es decir, menor que Oviedo. En comparación, el área metropolitana tiene un total 5 millones de habitantes.
En Sydney la alcaldesa Clover Moore revalidó su puesto para un cuarto mandato con una amplia mayoría. La reelección parecía cantada gracias a su popularidad. La señora Moore es una candidata independiente, no asociada con ninguno de los partidos tradicionales. Entre sus méritos se cuentan su apuesta por las energías verdes, unas cuentas saneadas, la construcción de una creciente red de carriles bici o su compromiso con los derechos de los homosexuales. También se le reconoce un gobierno libre de escándalos de corrupción (que también existe por estas latitudes) y de juegos de sillas (como en el gobierno nacional). Y a pesar de la enorme inflación de los precios del suelo, el gobierno municipal se ha mantenido relativamente al margen de las grandes operaciones especulativas llevadas a cabo sobre todo por otras administraciones (por ejemplo Barangaroo y otros casos), e incluso ha denunciado algunos de esos manejes.
Lamentablemente, en lugar de admiración e inspiración, los líderes de estas otras administraciones, especialmente el gobierno del estado de New South Wales, parecen más interesados en desalojar a Moore. En 2012 hicieron una ley de incompatibilidades para obligarla a renunciar a su escaño en el parlamento estatal; la iniciativa fue tan obviamente dirigida que la ley se conoce por el sobrenombre de "Get Clover Law". Moore tuvo que abandonar el escaño y concentrarse en la alcaldía.
El año pasado volvieron a la carga y aprobaron otra ley que otorga doble voto obligatorio a todos los negocios de Sydney en las elecciones municipales. La justificación democrática de esta forma de votar escapa a mi comprensión. Siendo bondadoso, podría pensarse que los asuntos de una capital financiera tan importante como Sydney son demasiado importantes como para dejarlos en manos de unos miles de habitantes simpatizantes de las bicicletas; los empresarios sin duda están más capacitados (el doble, para ser preciso) para hacer una buena elección. Para ser justos, hay que decir que otras ciudades como Londres usan un sistema similar. Sin embargo, ni aún así: en las elecciones del Sábado, las primeras con este nuevo sistema de voto, Moore salió reelegida y amplió su ventaja.
domingo, 5 de junio de 2016
Vivid Sydney 2016
Vivid es uno de mis momentos favoritos del año en Sydney. En esta época en que empieza a hacer fresco y anochece tan temprano, la ciudad se ilumina con un espectáculo de luces que cada año crece en grandiosidad y popularidad. La edición de este año es aún más espectacular que las anteriores. Incluye nuevas localizaciones en los jardines botánicos (que celebran su 200 aniversario) o Taronga Zoo, entre otras. La ya tradicional proyección sobre las "velas" del Opera House es especialmente bonita y está inspirada en el arte aborigen. Todo ello con el fondo coloreado del skyline de Sydney y con reflectores y rayos láser.
Tengo curiosidad por saber si alguna otra ciudad del mundo organiza un festival de estas características y con esta escala.
Mis fotografías no son especialmente buenas porque están tomadas a pulso y no hacen justicia a la belleza del espectáculo. Internet está lleno de fotografías y videos mucho más profesionales y espectaculares.
Tengo curiosidad por saber si alguna otra ciudad del mundo organiza un festival de estas características y con esta escala.
Mis fotografías no son especialmente buenas porque están tomadas a pulso y no hacen justicia a la belleza del espectáculo. Internet está lleno de fotografías y videos mucho más profesionales y espectaculares.
lunes, 5 de octubre de 2015
Barangaroo
El año pasado escribí sobre desarrollos urbanísticos en Sydney y anticipé un comentario sobre Barangaroo, que es un caso de estudio por si mismo.
Barangaroo es el nombre elegido en 2006 para urbanizar una enorme parcela al oeste del CBD. Durante más de un siglo este lugar fue parte del puerto de Sydney y un importante foco de actividad económica, aunque también de pobreza y enfermedad (de ahí el reciente cambio de nombre). Con el traslado de las actividades portuarias a Port Botany en los años 70, la actividad se fue reduciendo, los tinglados y los muelles desaparecieron, y el vacío fue rellenado por una brutal superficie de hormigón de 22 hectáreas, que es lo que encontré cuando llegué a Sydney en 2012.
Los planes para integrar este terreno en la ciudad llevan más de una década en marcha. El proyecto se lanzó como una oportunidad para crear una gran zona verde y recuperar más de un kilómetro de costa, a cambio de unos modestos edificios en el extremo Sur. Se adjudicó el proyecto a una de las grandes empresas constructoras del país. Como suele suceder, con el transcurso de los años el proyecto fue sufriendo "revisiones" que han ido reduciendo el espacio verde y aumentando la superficie a construir. El gran solar fue dividido en tres. En el tercio Norte se ha inaugurado recientemente la prometida zona verde y se ha realizado una notable labor para reconstruir el aspecto "natural" del terreno antes de convertirse en una enorme esplanada rectangular. Esta zona verde también sirve para camuflar una gigantesca sala subterránea con aspecto de hangar, en principio destinada a exposiciones y eventos culturales.
Mientras tanto, el tercio Sur se declaró zona de negocios y se están terminando de levantar tres rascacielos de oficinas, de unas 40 plantas cada uno.
El segmento central es el más controvertido y su desarrollo es el más retrasado. Los primeros bocetos colocaban allí una zona verde con un gran anfiteatro y unos pequeños bloques residenciales. Estos bloques no tardaron en crecer y actualmente están previstas tres torres de apartamentos de lujo, aún más altas que los rascacielos de oficinas.
Por si fuera poco, en una de estas evoluciones del proyecto apareció un famoso billonario australiano dueño de un emporio de hoteles y casinos. Comenzó a hacer presión para convencer a las autoridades de la tremenda necesidad de construir un hotel-casino de ultralujo en la parcela, o mejor aún, en un islote artificial frente a ella. El hecho de que Sydney ya cuente con un casino (de la competencia) situado a solo 1 kilómetro y que la ley del estado prohiba un segundo casino en Sydney no pareció disuadirle. Tras apenas unos meses de campaña en los medios de comunicación (patrocinados), el estado se prestó cambió la ley del juego, las normas urbanísticas y por supuesto, el proyecto de Barangaroo para hacer sitio al hotel. Lo único que el empresario no consiguió fue su isla artificial: el hotel-casino fue asimilado en el perímetro de la parcela a costa, claro está, de las zonas verdes.
Todavía faltan años para que el hotel-casino esté terminado. Si se ejecuta el diseño presentado, será el edificio más alto de Sydney, una imponente aguja de cristal que hará sombra al resto de la ciudad y el puerto (literalmente: un estudio indica que obstaculizará la visión desde el histórico observatorio de Sydney y que arrojará sombra sobre Darling Harbour). En su interior habrá un hotel de 6 estrellas, un casino de acceso exclusivo para superricos y apartamentos que ya se valoran en $100 millones.
Barangaroo es el nombre elegido en 2006 para urbanizar una enorme parcela al oeste del CBD. Durante más de un siglo este lugar fue parte del puerto de Sydney y un importante foco de actividad económica, aunque también de pobreza y enfermedad (de ahí el reciente cambio de nombre). Con el traslado de las actividades portuarias a Port Botany en los años 70, la actividad se fue reduciendo, los tinglados y los muelles desaparecieron, y el vacío fue rellenado por una brutal superficie de hormigón de 22 hectáreas, que es lo que encontré cuando llegué a Sydney en 2012.
Los planes para integrar este terreno en la ciudad llevan más de una década en marcha. El proyecto se lanzó como una oportunidad para crear una gran zona verde y recuperar más de un kilómetro de costa, a cambio de unos modestos edificios en el extremo Sur. Se adjudicó el proyecto a una de las grandes empresas constructoras del país. Como suele suceder, con el transcurso de los años el proyecto fue sufriendo "revisiones" que han ido reduciendo el espacio verde y aumentando la superficie a construir. El gran solar fue dividido en tres. En el tercio Norte se ha inaugurado recientemente la prometida zona verde y se ha realizado una notable labor para reconstruir el aspecto "natural" del terreno antes de convertirse en una enorme esplanada rectangular. Esta zona verde también sirve para camuflar una gigantesca sala subterránea con aspecto de hangar, en principio destinada a exposiciones y eventos culturales.
Mientras tanto, el tercio Sur se declaró zona de negocios y se están terminando de levantar tres rascacielos de oficinas, de unas 40 plantas cada uno.
El segmento central es el más controvertido y su desarrollo es el más retrasado. Los primeros bocetos colocaban allí una zona verde con un gran anfiteatro y unos pequeños bloques residenciales. Estos bloques no tardaron en crecer y actualmente están previstas tres torres de apartamentos de lujo, aún más altas que los rascacielos de oficinas.
Por si fuera poco, en una de estas evoluciones del proyecto apareció un famoso billonario australiano dueño de un emporio de hoteles y casinos. Comenzó a hacer presión para convencer a las autoridades de la tremenda necesidad de construir un hotel-casino de ultralujo en la parcela, o mejor aún, en un islote artificial frente a ella. El hecho de que Sydney ya cuente con un casino (de la competencia) situado a solo 1 kilómetro y que la ley del estado prohiba un segundo casino en Sydney no pareció disuadirle. Tras apenas unos meses de campaña en los medios de comunicación (patrocinados), el estado se prestó cambió la ley del juego, las normas urbanísticas y por supuesto, el proyecto de Barangaroo para hacer sitio al hotel. Lo único que el empresario no consiguió fue su isla artificial: el hotel-casino fue asimilado en el perímetro de la parcela a costa, claro está, de las zonas verdes.
Todavía faltan años para que el hotel-casino esté terminado. Si se ejecuta el diseño presentado, será el edificio más alto de Sydney, una imponente aguja de cristal que hará sombra al resto de la ciudad y el puerto (literalmente: un estudio indica que obstaculizará la visión desde el histórico observatorio de Sydney y que arrojará sombra sobre Darling Harbour). En su interior habrá un hotel de 6 estrellas, un casino de acceso exclusivo para superricos y apartamentos que ya se valoran en $100 millones.
domingo, 7 de diciembre de 2014
Tormentas
En ocasiones Sydney encadena varios días consecutivos de tormentas. En esta ocasión llevamos 10 días de calor y fuertes tormentas por la tarde. Estas tormentas veraniegas suelen llegar del interior (el oeste) donde se forman espectaculares nubes. Gracias al radar meteorológico es fácil ver el avance de estas nubes y puedes planificar cuándo conviene salir de casa y cuándo hay que correr para evitar el chaparrón.
Además de los estragos causados por las trombas de agua y las ráfagas de viento, las tormentas de estos días llaman la atención por la violencia de los rayos y truenos. La ciudad ha sido sacudida por muchos rayos, que han causado varios heridos y el incendio en una subestación eléctrica a dos manzanas de mi casa.
Normalmente solo publico mis propias fotos en este blog, pero hoy voy a hacer una excepción. Un joven fotógrafo llamado Roland Taylor realizó esta llamativa composición combinando 20 exposiciones en un periodo de 30 minutos durante la tormenta del pasado miércoles. Él mismo explica el proceso que siguió para elaborar esta imagen.
Este tiempo no es nada extraordinario en Sydney. Desde que llegué ya he asistido a varios episodios similares. Los que llevan aquí más tiempo se acuerdan de la apocalíptica "tormenta roja" de 2009, o la costosa granizada de 1999.
Además de los estragos causados por las trombas de agua y las ráfagas de viento, las tormentas de estos días llaman la atención por la violencia de los rayos y truenos. La ciudad ha sido sacudida por muchos rayos, que han causado varios heridos y el incendio en una subestación eléctrica a dos manzanas de mi casa.
Normalmente solo publico mis propias fotos en este blog, pero hoy voy a hacer una excepción. Un joven fotógrafo llamado Roland Taylor realizó esta llamativa composición combinando 20 exposiciones en un periodo de 30 minutos durante la tormenta del pasado miércoles. Él mismo explica el proceso que siguió para elaborar esta imagen.
Este tiempo no es nada extraordinario en Sydney. Desde que llegué ya he asistido a varios episodios similares. Los que llevan aquí más tiempo se acuerdan de la apocalíptica "tormenta roja" de 2009, o la costosa granizada de 1999.
domingo, 18 de mayo de 2014
Tour del chocolate en Sydney
Hace unas semanas me enteré de la existencia de un circuito turístico para conocer algunas de las principales chocolaterías de Sydney. Finalmente realicé el "tour del chocolate" ayer. Consistió en la visita a cinco chocolaterías y una heladería. Aunque descubrí algunos sabores interesantes, mi valoración general es algo pobre. La relación cantidad/precio es baja; en lugar de darme un atracón, me quedé con hambre, y para agravar las cosas, las tiendas ofrecen un descuento simbólico a los participantes en el tour. Por otro lado, las indicaciones del guía fueron anodinas o a veces incorrectas. En resumen, que el chocolate está rico, pero no recomiendo el tour.
sábado, 12 de abril de 2014
Economía, urbanismo y especulación
La situación económica de Australia y España no podría ser más diferente. Australia lleva disfrutando de un largo periodo de bonanza económica con una tasa de desempleo en torno al 5%, gracias entre otras cosas a las pujantes exportaciones de materias primas. Viniendo desde España, el contraste resulta muy acusado, pero también me llama la atención encontrar algunos patrones que se producían en España en los años del "boom".
El mercado inmobiliario en Sydney está muy acelerado. Los precios se incrementan un 10-20% anual, y el precio del metro cuadrado en los barrios centrales supera los $10,000. La existencia o no de una "burbuja" inmobiliaria es un tema frecuente de conversación. Los locales parecen convencidos de que no existe tal burbuja, solo una gran demanda creada por el rápido crecimiento de población y la inversión extranjera. También piensan que es un buen momento para invertir en vivienda. Esa confianza resulta un tanto inquietante, después de lo que vivimos recientemente en España.
Esta coyuntura está transformando la ciudad, con barrios como Pyrmont, Redfern o Balmain pasando en pocos años de ser zonas marginales a interesantes barrios residenciales llenos de cafés, un proceso llamado "gentrificación". También da origen a sospechosas operaciones urbanísticas, como la urbanización de Barangaroo (que es un tema para otro blogpost), o el derribo del moderno y premiado centro de convenciones de Darling Harbour (en la foto) para hacer sitio a un nuevo centro de convenciones... y torres de hoteles. La semana pasada se anunció un nuevo plan para el Jardín Botánico, una auténtica golosina cuya supervivencia hasta ahora en la zona más jugosa de la ciudad parece un milagro. Ahora nos anuncian que su explotación comercial es necesaria, comenzando por un hotel de lujo en una de sus esquinas y un escenario permanente para conciertos.
Otro ejemplo más: la prensa de hoy anuncia que el gran canódromo situado en un parque cercano a mi casa será derribado para construir en su lugar hasta 700 apartamentos. Con las plusvalías se espera construir no uno sino dos estadios en la periferia de la ciudad. Seguro que no soy el único a quien esta jugada le recuerda a los pelotazos que vimos en España, algunos de los cuales se quedaron a medio ejecutar.
Por cierto, a quien le interese este tema, no puedo dejar de recomendar el libro "Oviedo detrás de la fachada", de mi amigo Miguel Moro.
El mercado inmobiliario en Sydney está muy acelerado. Los precios se incrementan un 10-20% anual, y el precio del metro cuadrado en los barrios centrales supera los $10,000. La existencia o no de una "burbuja" inmobiliaria es un tema frecuente de conversación. Los locales parecen convencidos de que no existe tal burbuja, solo una gran demanda creada por el rápido crecimiento de población y la inversión extranjera. También piensan que es un buen momento para invertir en vivienda. Esa confianza resulta un tanto inquietante, después de lo que vivimos recientemente en España.
Esta coyuntura está transformando la ciudad, con barrios como Pyrmont, Redfern o Balmain pasando en pocos años de ser zonas marginales a interesantes barrios residenciales llenos de cafés, un proceso llamado "gentrificación". También da origen a sospechosas operaciones urbanísticas, como la urbanización de Barangaroo (que es un tema para otro blogpost), o el derribo del moderno y premiado centro de convenciones de Darling Harbour (en la foto) para hacer sitio a un nuevo centro de convenciones... y torres de hoteles. La semana pasada se anunció un nuevo plan para el Jardín Botánico, una auténtica golosina cuya supervivencia hasta ahora en la zona más jugosa de la ciudad parece un milagro. Ahora nos anuncian que su explotación comercial es necesaria, comenzando por un hotel de lujo en una de sus esquinas y un escenario permanente para conciertos.
Otro ejemplo más: la prensa de hoy anuncia que el gran canódromo situado en un parque cercano a mi casa será derribado para construir en su lugar hasta 700 apartamentos. Con las plusvalías se espera construir no uno sino dos estadios en la periferia de la ciudad. Seguro que no soy el único a quien esta jugada le recuerda a los pelotazos que vimos en España, algunos de los cuales se quedaron a medio ejecutar.
Por cierto, a quien le interese este tema, no puedo dejar de recomendar el libro "Oviedo detrás de la fachada", de mi amigo Miguel Moro.
lunes, 10 de febrero de 2014
Concierto en el Opera House
Durante 18 meses he estado esperando una buena oportunidad de asistir a un concierto en el Opera House de Sydney. Finalmente ayer presencié el concierto del pianista y compositor italiano Ludovico Einaudi en la sala principal. La decoración del interior es modernista, en los pasillos se puede ver la singular estructura de hormigón del edificio, y en el auditorio predomina la madera. Desde el fondo del gallinero, donde estaba mi butaca, la música llegaba algo atenuada por el ruido de las 2500 personas que llenaban la sala. Me sorprendió que estuviera permitido entrar con copas (de plástico) a la sala.
Descubrí a Ludovico el año pasado al ver un bonito video de la Sagrada Familia de Barcelona.
En este blog ya han aparecido fotos del Opera House desde varios ángulos. Ayer no llevaba mi cámara, sólo el teléfono, y no pude hacer buenas fotos del interior. Pero mientras esperaba para entrar, el atardecer y la Luna me permitieron capturar algunos juegos de luces en el exterior de este espectacular edificio.
Descubrí a Ludovico el año pasado al ver un bonito video de la Sagrada Familia de Barcelona.
En este blog ya han aparecido fotos del Opera House desde varios ángulos. Ayer no llevaba mi cámara, sólo el teléfono, y no pude hacer buenas fotos del interior. Pero mientras esperaba para entrar, el atardecer y la Luna me permitieron capturar algunos juegos de luces en el exterior de este espectacular edificio.
domingo, 5 de enero de 2014
Balmain
Ayer di un paseo por Balmain, otro de los barrios históricos de Sydney. Está situado en la siguiente península después de Pyrmont, y como Pyrmont, tradicionalmente ha sido un barrio obrero. Hasta décadas recientes había astilleros, factorías, talleres metalúrgicos, minas y hasta dos centrales eléctricas. Una de estas centrales eléctricas ya no se conserva, pero la otra sí, y eso pese a que vuela por los aires en Matrix Reloaded (magia del cine). En los últimos años el barrio ha cambiado y ahora sólo quedan restos del patrimonio industrial, y la actividad económica principal parecen ser los cafés y pubs de Darling Street. Afortunadamente se mantienen las construcciones bajas, algunas de ellas históricas, así como algunos parques desde los que se goza de una privilegiada vista del CBD frente a The Rocks.
domingo, 22 de diciembre de 2013
Luces de Navidad (otra vez)
Esta es la entrada número 100 en este blog. Como el año pasado, Sydney ilumina algunos de sus edificios en las vísperas de la Navidad. Este año las luces me han impresionado menos, quizás porque ya vi las del año pasado, y los espectaculares montajes del Vivid Sydney en Mayo. La iluminación de la fachada de la catedral, aunque colorista, no sacaba demasiado partido a las formas y el relieve del edificio.
sábado, 21 de diciembre de 2013
Sydney Tower
Me sorprende que haya esperado casi un año y medio antes de subir a otear desde lo alto de la Sydney Tower, el "pirulí" que remata el skyline de Sydney en el centro del CBD. No es tan alto como otras torres a las que he subido anteriormente, la Eiffel (mirador: 280 metros), la CN Tower de Toronto (mirador: 342 metros) o el Burj Khalifa (mirador: 452 metros). En este caso, el mirador está a 260 metros de altura, más que suficiente para dominar a los rascacielos de su entorno y ofrecer una fantástica vista del paisaje de Sydney. Además, esta estructura destaca por su color dorado y por su estructura hiperboloide de cables de acero, como se ve en las fotos que tomé desde el helicóptero.
Al igual que cuando visité las otras torres, hice coincidir mi visita con la puesta de sol, para poder observar dos paisajes por el precio de una entrada. Mientras el sol se ponía por las lejanas (80 Km) Blue Mountains, las luces de la ciudad se fueron encendiendo, y también se fue deteriorando la calidad de mis fotos ya que no llevaba conmigo un trípode.
domingo, 24 de noviembre de 2013
Sydney a vista de pájaro
Gracias a la generosidad de mis amigos, hace un mes pude darme el gustazo de hacer algo que estaba en mi lista de deseos desde el día en que llegué a esta ciudad: sobrevolar Sydney en helicóptero. No es extraño ver pequeños helicópteros zumbando por encima del puerto, y estaba seguro de que la vista desde allí arriba tendría que ser espectacular. Ahora que lo he probado, puedo decir que no defrauda, y es la experiencia más espectacular que he tenido desde que llegué. La belleza del puerto de Sydney es asombrosa, y la ciudad muestra su mejor cara. Durante el vuelo de 30 minutos hice centenas de fotos y video, pero sobre todo disfruté del maravilloso paisaje y la fantástica sensación de volar junto al piloto. Como todo en este país, es un capricho caro, ¡pero altamente recomendable!
lunes, 26 de agosto de 2013
Lane Cove
Se cumple un año de mi llegada a Sydney, y sigo dando paseos para explorar la ciudad y sus alrededores. Ayer fui al parque nacional de Lane Cove, que en realidad está dentro de la ciudad, a unos 10 kilómetros del CBD. Es un parque fluvial por el que se puede navegar fácilmente en canoa, pues el río ha sido remansado por un dique. En sus orillas hay un denso bosque, recorrido por dos sendas. Precisamente ese fue el recorrido que hice: remonté el río por la senda Oeste (Riverside walk), crucé el puente y regresé por la senda Este (un segmento del Great North Walk). En la parte más cercana al dique hay unas cuantas áreas perfectamente equipadas para hacer picnics, así como un negocio de alquiler de canoas y bicicletas. El Riverside walk es un poco aburrido, pero el Great North Walk es un poco más abrupto y por lo tanto, más entretenido.
jueves, 25 de julio de 2013
Luna Park
El pasado fin de semana estuve paseando por Milsons Point, el barrio en el extremo norte del Harbour Bridge, es decir, opuesto a Circular Quay, The Rocks y el CBD. Allí se encuentra Luna Park, un pequeño parque de atracciones de estilo antiguo. El desplazamiento hasta allí lo realicé en un ferry que cruza el puerto desde Pyrmont.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


























