Sydney es una ciudad costera de cinco millones de habitantes alrededor de un gran estuario llamado Port Jackson que tiene 317 kilómetros de costa, aproximadamente los mismos que tiene Asturias. Con tanta gente viviendo alrededor del estuario es normal que el agua sea una importante via de comunicación. Miles de residentes utilizan múltiples líneas de "ferries" para trasladarse cada día a su trabajo. Los turistas disfrutan de las espectaculares vistas en sus viajes hacia Manly, Taronga Zoo, Watsons Bay o Parramatta. Algunas de las líneas más populares son atendidas por transbordadores de entre 400 y 1000 personas de capacidad y con 30-40 años de servicio. Sus colores verde y amarillo los convierten en iconos de la ciudad.
A algunos de estos veteranos buques están siendo reemplazados por una nueva flota de 6 barcos de clase "Emerald". El contrato fue otorgado hace unos años por 50 millones de dólares, y han ido entrando en servicio progresivamente durante los últimos 12 meses.
Por supuesto, cada buque debe tener un nombre. Tradicionalmente Sydney ha utilizado nombres de playas, nombres de barcos de la Primera Flota (la que dio origen a la colonia) y nombres de atletas australianos para varias clases de transbordadores. En esta ocasión, el gobierno de Nueva Gales del Sur (NSW) decidió organizar una votación que los ciudadanos propusieran y eligieran los nombres de los 6 nuevos barcos, proponiendo como tema general "líderes sociales y científicos australianos".
Según parece, el coste de la votación ascendió a 100,000 dólares. En teoría parte del coste se destinó a evitar que se repitieran bromas como la que reventó una votación similar en el Reino Unido y que provocó que un costoso buque científico acabase bautizado como Boaty McBoatface. Sin mucho éxito, según parece: cuando los resultados fueron anunciados, el Ministro de Transportes proclamó además de 5 nombres de notables líderes y científicos australianos (incluyendo un oftalmólogo, un cirujano, una ginecóloga y dos líderes aborígenes), debido al abrumador resultado de la votación popular uno de los buques recibiría el nombre de Ferry McFerryface. Australia ya tenía su "momento Chikilicuatre".
La noticia fue recibida con estupor. El sindicato de los trabajadores se negó a usar ese nombre y como resultado el barco fue botado oficialmente como Emerald 6, pero rotulado como Ferry McFerryface. Obviamente su entrada en servicio hace solo unos meses fue todo un acontecimiento y ha sido protagonista de innumerable selfies en Instagram. Todo un éxito desde el punto de vista de la promoción turística.
Sin embargo, la pasada semana un medio de comunicación obtuvo acceso a las actas de las votaciones. Resulta que contrariamente a lo que se había dado a entender, el nombre Ferry McFerryface no resultó ganador por voto popular. De hecho, apenas recibió unos pocos votos. La decisión de utilizar este jocoso nombre fue tomada personalmente por el Ministro en una decisión difícil de explicar cuando te has gastado 100,000 dólares de los contribuyentes para que voten. Las confusas explicaciones del Ministro cuando el asunto salió a la luz solo sirvieron para ahondar en el ridículo. Esa misma noche el barco fue repintado y a la mañana siguiente volvía al servicio con su nombre genérico, Emerald 6.
Unos días después, el barco volvió a ser rotulado, esta vez con el nombre de una escritora de libros infantiles. Pero resulta que este tampoco es el nombre que el barco debería tener. De hecho, esta escritora (cuyos méritos nadie discute) ni siquiera cuadra dentro de la categoría de los otros 5 nombres elegidos. ¿Cuál debería haber sido el nombre del barco? Resulta que de acuerdo con las actas de las votaciones, el sexto buque debería haber recibido el nombre de un líder ecologista fundador de la ONG Clean Up Australia, que obtuvo muchísimos más votos que Ferry McFerryface. Ya es casualidad que el perjudicado por las maniobras del Ministerio de Transporte sea un líder ecologista. De hecho, cuando parecía difícil caer más bajo, llegó una nueva revelación: esta persona a la que sus conciudadanos eligieron honrar fue notificada de la feliz elección por los funcionarios justo después de la votación. Cuando el Ministro decidió intervenir y alterar los resultados, los mismos funcionarios tuvieron que llamar al ecologista para comunicarle que su nombre había sido excluido por orden ejecutiva.
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martes, 6 de febrero de 2018
domingo, 17 de noviembre de 2013
Berowra - Cowan
A pesar del tiempo borrascoso que tenemos estos días, y que nos está dejando continuos aguaceros, ayer me atreví a salir otra vez de excursión. Esta vez hice la senda entre Berowra y Cowan, un tramo de 13 kilómetros que forma parte de la senda de "gran recorrido" llamada Great North Walk. Se llega en una hora de tren desde Sydney y se puede hacer en una única dirección porque también hay apeadero en Cowan.
El camino transcurre todo el tiempo entre un frondoso bosque por el que asoman sorprendentes formaciones de piedra arenisca. Se suben y se bajan varios valles, incluyendo un descenso hasta Berowra Waters, un poblado de cabañas a orillas del Berowra Creek. Una peculiaridad de este lugar es que las dos orillas están comunicadas por un ferry, o mejor dicho, una barcaza que cruza tirando de unos cables. Funciona 24 horas al día, 7 días a la semana, y sorprendentemente para Sydney, es un servicio gratuito tanto para vehículos como para peatones.
La lluvia solo descargó durante 60 segundos durante las horas que duró el paseo, pero lo hizo de forma tan torrencial que hubiera quedado totalmente empapado si no hubiera llevado un miniparaguas en la mochila.
El camino transcurre todo el tiempo entre un frondoso bosque por el que asoman sorprendentes formaciones de piedra arenisca. Se suben y se bajan varios valles, incluyendo un descenso hasta Berowra Waters, un poblado de cabañas a orillas del Berowra Creek. Una peculiaridad de este lugar es que las dos orillas están comunicadas por un ferry, o mejor dicho, una barcaza que cruza tirando de unos cables. Funciona 24 horas al día, 7 días a la semana, y sorprendentemente para Sydney, es un servicio gratuito tanto para vehículos como para peatones.
La lluvia solo descargó durante 60 segundos durante las horas que duró el paseo, pero lo hizo de forma tan torrencial que hubiera quedado totalmente empapado si no hubiera llevado un miniparaguas en la mochila.
sábado, 14 de septiembre de 2013
A Wollongong en tren de vapor
Ayer visité Wollongong, una ciudad costera a unos 80 kilómetros al sur de Sydney. Apenas estuve allí tres horas, lo suficiente para dar un paseo por el puerto, el faro y las playas. Un poco más al sur se veía la silueta de unas plantas industriales tras una larga playa, en la que sobresalían unos altos hornos, lo que me trajo recuerdos de Avilés y Gijón.
Lo más interesante de la visita fue el viaje en sí. Para ir desde Sydney hasta Wollongong, me subí en unos vagones vintage propulsados por la 3642, una locomotora de vapor del año 1925. Se trata de un tren mantenido por voluntarios nostálgicos, y que de vez en cuando hace rutas como la de ayer. El viaje duró unas dos horas, y atravesó el Royal National Park y la franja costera cercana a Wollongong. Fue una experiencia muy bonita que me ayudó a comprender cuánto han mejorado los trenes en confort y seguridad.
El viaje de regreso fue también especial. Lo realicé en un ferry que bordeó la costa del Royal National Park hasta regresar a Sydney. Durante el camino, algunos delfines se dejaron ver fugazmente, aunque no tuvimos tanta suerte con las ballenas, que no se presentaron. Debido al tiempo tempestuoso, la navegación fue... interesante, aunque buena parte del pasaje no pareció disfrutar tanto. Mientras entrábamos en las aguas más tranquilas del puerto de Sydney, el sol se ponía detrás de la ciudad.
Lo más interesante de la visita fue el viaje en sí. Para ir desde Sydney hasta Wollongong, me subí en unos vagones vintage propulsados por la 3642, una locomotora de vapor del año 1925. Se trata de un tren mantenido por voluntarios nostálgicos, y que de vez en cuando hace rutas como la de ayer. El viaje duró unas dos horas, y atravesó el Royal National Park y la franja costera cercana a Wollongong. Fue una experiencia muy bonita que me ayudó a comprender cuánto han mejorado los trenes en confort y seguridad.
El viaje de regreso fue también especial. Lo realicé en un ferry que bordeó la costa del Royal National Park hasta regresar a Sydney. Durante el camino, algunos delfines se dejaron ver fugazmente, aunque no tuvimos tanta suerte con las ballenas, que no se presentaron. Debido al tiempo tempestuoso, la navegación fue... interesante, aunque buena parte del pasaje no pareció disfrutar tanto. Mientras entrábamos en las aguas más tranquilas del puerto de Sydney, el sol se ponía detrás de la ciudad.
jueves, 25 de julio de 2013
Luna Park
El pasado fin de semana estuve paseando por Milsons Point, el barrio en el extremo norte del Harbour Bridge, es decir, opuesto a Circular Quay, The Rocks y el CBD. Allí se encuentra Luna Park, un pequeño parque de atracciones de estilo antiguo. El desplazamiento hasta allí lo realicé en un ferry que cruza el puerto desde Pyrmont.
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