Ayer se celebró el Día de Australia. Este año no asistí al "ferrython", ni tampoco al concierto de música clásica en el parque del Domain. ¡No se puede estar en todas partes a la vez! Sí que repetí en los fuegos artificiales de Darling Harbour, cuya traca final fue un gran espectáculo. Los australianos celebran la fiesta nacional comiendo pies (léase en inglés) y haciendo barbacoa (como si les hiciera falta alguna excusa para eso!). Por desgracia algunos también se entregan con demasiado entusiasmo a la bebida, aunque ese es tema para otra entrada en el blog.
Como este año la fiesta cayó en domingo, hoy lunes no ha sido laborable. Lo he aprovechado para ir con unos amigos hasta Palm Beach, 50 kilómetros al norte. Hace unas pocas semanas estuve en Narrabeen, pero hasta hoy no había llegado hasta la última de las playas del norte. Palm Beach son en realidad dos playas en las orillas de un istmo de arena rematado por un monte. Hace honor a su fama y es una de las playas más bonitas que he visto. El arenal frente al océano tiene un agua cristalina y fuerte oleaje, mientras que el arenal de la orilla opuesta da a una bahía mucho más tranquila.
Desde la cima del monte, donde se sitúa un faro, las vistas son preciosas. Lamentablemente el monte resultó abrasado por un incendio hace apenas unos meses, y su color negro contrasta fuertemente con los colores vivos del agua, la playa y las palmeras.
Aunque el viaje desde el CBD en transporte público es un poco largo, merece la pena. Como es costumbre, el lugar está completamente equipado con parques, aseos con vestuarios y duchas, barbacoas eléctricas gratuitas, etc.
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lunes, 27 de enero de 2014
martes, 19 de marzo de 2013
Celebración y cine al atardecer
El otro día celebré por primera vez mi cumpleaños aquí al otro lado del Pajares. Soy muy afortunado porque en los meses que llevo aquí, he conseguido formar un grupo de amigos que estuvieron inmensos, muy generosos y consiguieron que disfrutase al máximo de la celebración y hasta me emocionase un poquito. Los que me han acompañado en otra ocasiones, y que ahora tengo tan lejos, tampoco se olvidaron, y quedé abrumado por la cantidad de emails y similares que recibí, procedentes de cuatro continentes distintos. ¡Muchas gracias a todos! Ha sido uno de los mejores cumpleaños que recuerdo.
A alguien se le ocurrió que lo mejor para celebrar mi cumpleaños era invitarme a visitar por fin el restaurante asturiano situado en el centro. Fue una experiencia peculiar pues a pesar de su nombre, el restaurante no es realmente asturiano sino que mezcla tópicos españoles diversos. No faltaron elementos tan "asturianos" como la paella, los carteles de Tío Pepe, y lo más llamativo, un espectáculo de sevillanas. No me gusta hacer malas reviews, y más aún cuando fui invitado, pero no puedo evitar un aviso a navegantes: la fabada y la sidra eran horribles. Seguro que el local tiene una buena clientela entre aquellos australianos interesados por lo exótico de la comida y la cultura española (y sus tópicos), pero desde luego no puedo recomendarlo para los asturianos nostálgicos. Afortunadamente la excelente compañía lo compensa todo.
Este fin de semana también asistí al "Twilight cinema", un nuevo evento organizado por mi empresa. Alquilaron un bonito estadio de criquet con un siglo de antigüedad, y en el césped instalaron una feria sólo para los empleados, familias y amigos. Había varias atracciones y juegos para los pequeños, aunque algunos geeks con espíritu joven también jugamos, por ejemplo, a un Jenga gigante. Había también unos furgones que repartían bebidas, perritos calientes, helados y palomitas, todo a cuenta de la empresa. Así estuvimos varias horas, hasta que se puso el sol. Entonces montaron una pantalla gigante en el centro del estadio, y nos tumbamos en unos cómodos bean bags (en España creo que se llaman "Puffs") para ver una película que habíamos elegido previamente por votación. Hacía un tiempo estupendo, y mientras veíamos la película, también podíamos mirar al cielo para ver el firmamento austral. Y por si fuera poco, una amiga asturiana preparó unos frixuelos. ¿Quién puede pedir más?
A alguien se le ocurrió que lo mejor para celebrar mi cumpleaños era invitarme a visitar por fin el restaurante asturiano situado en el centro. Fue una experiencia peculiar pues a pesar de su nombre, el restaurante no es realmente asturiano sino que mezcla tópicos españoles diversos. No faltaron elementos tan "asturianos" como la paella, los carteles de Tío Pepe, y lo más llamativo, un espectáculo de sevillanas. No me gusta hacer malas reviews, y más aún cuando fui invitado, pero no puedo evitar un aviso a navegantes: la fabada y la sidra eran horribles. Seguro que el local tiene una buena clientela entre aquellos australianos interesados por lo exótico de la comida y la cultura española (y sus tópicos), pero desde luego no puedo recomendarlo para los asturianos nostálgicos. Afortunadamente la excelente compañía lo compensa todo.
Este fin de semana también asistí al "Twilight cinema", un nuevo evento organizado por mi empresa. Alquilaron un bonito estadio de criquet con un siglo de antigüedad, y en el césped instalaron una feria sólo para los empleados, familias y amigos. Había varias atracciones y juegos para los pequeños, aunque algunos geeks con espíritu joven también jugamos, por ejemplo, a un Jenga gigante. Había también unos furgones que repartían bebidas, perritos calientes, helados y palomitas, todo a cuenta de la empresa. Así estuvimos varias horas, hasta que se puso el sol. Entonces montaron una pantalla gigante en el centro del estadio, y nos tumbamos en unos cómodos bean bags (en España creo que se llaman "Puffs") para ver una película que habíamos elegido previamente por votación. Hacía un tiempo estupendo, y mientras veíamos la película, también podíamos mirar al cielo para ver el firmamento austral. Y por si fuera poco, una amiga asturiana preparó unos frixuelos. ¿Quién puede pedir más?
sábado, 26 de enero de 2013
Australia Day
Aussie, Aussie, Aussie! Los australianos celebraron ayer su fiesta nacional. Las calles de Sydney rebosaban de orgullo patrio, con incontables banderas, camisetas de los colores nacionales, caras pintadas y reproducciones de los símbolos nacionales. Estuve paseando por el centro de Sydney todo el día, asistiendo a varios espectáculos. Por la mañana me acerqué al Harbour Bridge para presenciar el "ferrython", es decir, una carrera entre los ferries que habitualmente cubren las líneas regulares. Tras una hora de competición, el final fue muy apretado, como se aprecia en la foto que tomé a escasos metros de la línea de meta situada debajo del puente. Creo que Charlotte se impuso a Alexander por apenas un cuerpo de ventaja.
También había alguna competición en tierra, como una carrera en silla de ruedas por el empinado barrio de The Rocks, y una especie de "tomatina" con pintura, cuyos participantes acabaron como salidos de un lienzo abstracto. Lo más pintoresco: en un suburbio de las afueras tuvo lugar la décima edición de la Gnome Convention. Entre 1000 y 2000 gnomos de jardín (y sus dueños) se reunieron para discutir asuntos de interés para su comunidad, y para celebrar un certamen de belleza gnómica. No asistí, aunque de haberlo hecho, no habría sido mi primera conferencia de Gnome (en 2006 asistí a la GUADEC, aunque se trataba de otro tipo de Gnome...). También renuncié a asistir a un concierto al atardecer en el parque The Domain en el que interpretaban piezas de música clásica de películas de Stanley Kubrick (2001, La Naranja Mecánica, etc.). ¡No se puede estar en todas partes!
En su lugar, estuve disfrutando de la animación del Hyde Park, visitando la casa de la moneda, una enorme exposición de coches antiguos, contemplando los autobuses históricos que circulaban por el centro, reposando en el jardín botánico, refrescándome en una terraza, hasta que finalmente llegó la hora de poner el broche a la jornada. En Darling Harbour se celebró un sofisticado espectáculo de fuegos artificiales (más elaborado que el de cualquier otro sábado), coordinado con focos de colores, rayos láser y música ambiental. Sin un trípode, es muy difícil hacer fotos de un espectáculo así, de modo que solo hice alguna foto después de que terminase la traca.
sábado, 5 de enero de 2013
Año Nuevo
Los fuegos artificiales de Año Nuevo en Sydney tienen fama de ser de los mejores del mundo. En España solemos verlos en el telediario de las 3 de la tarde del 31 de Diciembre, cuando pasan unos segundos para explicarnos que en algunas partes del mundo ya ha comenzado el año nuevo. Efectivamente, aquí los fuegos son un gran acontecimiento. Las principales calles de la ciudad se cierran para que un millón y medio de personas (según ha informado la prensa) se acerque hasta el puerto para presenciarlos. Los mejores sitios están ocupados desde primera hora de la mañana por algunos valerosos que desafían al sol calcinante.
En Australia no hay tradición de tomar las uvas, ni campanadas, ni Puerta del Sol, sino toda una tarde-noche de espectáculos. A las 9 de la noche hay una primera salva de fuegos artificiales para que los más pequeños no se vayan muy tarde a la cama. Y a las 12, el gran estallido pirotécnico. Aunque las imágenes suelen mostrar el puente, hay fuegos en prácticamente toda la ciudad, desde las playas de Bondi y Manly, hasta las azoteas de los rascacielos, y toda la bahía. En los planos de televisión con helicópero se aprecia que la ciudad parece estar en llamas.
El espectáculo es demasiado único como para perdérselo, así que sobreponiéndome a mi aversión a las multitudes, me acerqué hasta la colina del observatorio. Está bastante cerca del puente, aunque el ángulo no es el ideal. Llegué dos horas antes de la medianoche y ya no había ni un metro cuadrado, así que esperé en pie. Los fuegos duran poco más de 10 minutos, y mires hacia donde mires, hay explosiones de colores. Yo no iba preparado para hacer fotografías, aunque dejo aquí una que hice mientras esperaba. Hay imágenes mucho más bonitas buscando en Google, y Youtube está lleno de vídeos. Por ejemplo, os sugiero este video amateur del último minuto de traca final.
En Australia no hay tradición de tomar las uvas, ni campanadas, ni Puerta del Sol, sino toda una tarde-noche de espectáculos. A las 9 de la noche hay una primera salva de fuegos artificiales para que los más pequeños no se vayan muy tarde a la cama. Y a las 12, el gran estallido pirotécnico. Aunque las imágenes suelen mostrar el puente, hay fuegos en prácticamente toda la ciudad, desde las playas de Bondi y Manly, hasta las azoteas de los rascacielos, y toda la bahía. En los planos de televisión con helicópero se aprecia que la ciudad parece estar en llamas.
El espectáculo es demasiado único como para perdérselo, así que sobreponiéndome a mi aversión a las multitudes, me acerqué hasta la colina del observatorio. Está bastante cerca del puente, aunque el ángulo no es el ideal. Llegué dos horas antes de la medianoche y ya no había ni un metro cuadrado, así que esperé en pie. Los fuegos duran poco más de 10 minutos, y mires hacia donde mires, hay explosiones de colores. Yo no iba preparado para hacer fotografías, aunque dejo aquí una que hice mientras esperaba. Hay imágenes mucho más bonitas buscando en Google, y Youtube está lleno de vídeos. Por ejemplo, os sugiero este video amateur del último minuto de traca final.
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