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jueves, 4 de agosto de 2022

Voz, Tratado y Verdad

Hace un par de meses los australianos fuimos a las urnas para votar en las elecciones generales. Aunque la complejidad del sistema electoral hace que el escrutinio definitivo se prolongue durante semanas, enseguida quedó muy claro que los australianos habían otorgado una amplia mayoría al partido laborista, tras 9 años de gobiernos de la coalición conservadora y primeros ministros tan desastrosos como Tony Abbott y Scott Morrison.

El nuevo primer ministro es Anthony Albanese. Me llamó la atención la rapidez de la transición. En España estamos acostumbrados a que pasen meses desde las elecciones hasta la constitución del nuevo parlamento, la ronda de consultas con el rey, y la toma posesión del nuevo gobierno. En Australia, pese a que el escrutinio todavía estaba a medias y todavía no estaba nada claro que el partido laborista fuese a conseguir una mayoría absoluta, el gobernador general (representante local de la reina) propuso a Albanese como nuevo primer ministro, y apenas 48 horas después de las elecciones, Albanese participaba en una reunión del G7 y se reunía con Joe Biden y compañía. El nuevo parlamento no se constituyó hasta dos meses después. Este sistema australiano me impresiona por su velocidad y eficiencia, pero me inquieta por su aparente arbitrariedad. No me imagino lo que pasaría si en la actual España democrática el jefe del estado invistiese a un nuevo presidente del gobierno sin consultar con el parlamento y sin esperar a que terminase el escrutinio electoral.

Para sorpresa de propios y extraños, ya que durante la campaña electoral había pasado de puntillas sobre este asunto, las primeras palabras de Albanese durante su discurso de la victoria en la noche electoral fueron para prometer que su gobierno implementaría de forma plena las recomendaciones del documento titulado "Uluru statement from the heart".

Uluru es el nombre del famoso monolito rojizo que ocupa el centro geográfico de Australia, a miles de kilómetros de cualquier ciudad. Durante un tiempo se conoció como Ayers Rock, pero actualmente se ha recuperado el nombre aborigen. Aunque buena parte del mundo reconoce esta roca conoce como un destino turístico, Uluru es un lugar sagrado para los aborígenes que llevan viviendo en Australia desde hace más de 60,000 años, una eternidad al lado de los poco más de 200 años de presencia europea.

"Uluru statement from the heart" es un documento elaborado hace cinco años (2017) por una convención de líderes aborígenes, y que propone una serie de cambios políticos y sociales para promover la justicia y la reconciliación entre las Primeras Naciones y los recién llegados. Desde el desembarco de los colonos/convictos en 1788, la relación entre estos dos pueblos está llena de tinieblas e injusticias. El tema da para mucho más de lo que se puede describir en un blog.

Poco a poco, la justicia ha ido llegando con algunos hitos como el referéndum de 1967 que modificó la constitución de 1901 para permitir que los aborígenes fuesen contados como personas. No obstante, el marco legal todavía contiene a día de hoy reliquias como el artículo 25 de la constitución, titulado "razas descalificadas para votar", aunque en la práctica no se aplica y desde 1983 los aborígenes tienen no solo el derecho sino también la obligación de votar, como todos los demás australianos.

En "Uluru statement from the heart" se recogen tres peticiones: Voice, Treaty and Truth.

"Truth" hace referencia a la necesidad de exponer toda la verdad sobre lo sucedido desde 1788. En términos españoles, equivale a la "memoria histórica". Por ejemplo, acabar con el mito de "Terra Nullius", con el que los colonos justificaron la invasión porque Australia era una tierra vacía. O contar la historia de las matanzas y las atroces políticas de aniquilación cultural y racial llevadas a cabo por los sucesivos gobiernos.

"Treaty" se refiere al proceso de reconciliación social y búsqueda de acuerdos. Por ejemplo, actualmente la fiesta nacional (26 de Enero) conmemora la llegada de la primera flota, y resulta muy divisiva. Los opositores la llaman "día de la invasión", y cada año parece cobrar más fuerza la petición para cambiar la fecha. El modelo a seguir podría ser el neozelandés. En 1840 la corona inglesa y los Maoríes firmaron el tratado de Waitangi, y el día nacional de Nueva Zelanda celebra ese tratado, que algunos consideran el documento fundacional del país. No está exento de polémica, pero al menos celebra un acto de paz y reconocimiento mutuo.

Finalmente, "Voice" consiste en una reforma constitucional para crear un órgano parlamentario específicamente para representar a los aborígenes. Los detalles no están definidos, y hay quien habla de una tercera cámara del parlamento o algo similar. En cualquier caso, al tratarse de una reforma constitucional, debe someterse a referéndum. Esta semana el primer ministro Albanese ha propuesto el texto de la pregunta que se formulará en ese referéndum que aún no tiene fecha. La pregunta es muy sencilla y omite cualquier detalle sobre qué estructura y poderes tendrá esa "Voice". Albanese ha decidido que los australianos tendremos que votar sin conocer esos detalles. Se trata de una estrategia calculada para que el debate sea en torno a un simple "sí" o "no", con la intención de concentrar el voto del "sí". En Australia todos recuerdan el referéndum de 1999 que fracasó en el intento de declarar una república. En aquella ocasión, la pregunta contenía detalles de cómo se elegiría al presidente, lo que provocó la división en el bando republicano porque cada uno tenía una opinión distinta sobre cómo elegir al presidente.

domingo, 8 de mayo de 2016

Bundeena - Jibbon Head

Bundeena es una pequeña localidad dentro del Royal National Park a la que se puede llegar mediante una combinación de tren hasta Cronulla y después una travesía en el ferry más antiguo de Australia. Desde allí se pueden realizar varias rutas, como ir hasta las playas de Marley. La ruta que describo hoy es corta y sencilla. Tan solo hay que dirigirse hacia el este y cruzar una playa para llegar al Jibbon Head, la "punta" del Royal National Park. Además del paisaje, la ruta permite explorar unos grabados aborígenes en la roca que representan animales y mitología. No está clara la antigüedad de estos grabados, aunque se les suponen algunos milenios.

También me llamó la atención que en un determinado punto el camino, que hasta entonces era una pista forestal bien marcada, se pierde totalmente durante unas decenas de metros en medio de un paisaje devastado, con árboles arrancados y atravesados en todas las direcciones. Supongo que se trata de los restos de las fuertes tormentas de Diciembre de 2015 que causaron un tornado en la cercana localidad de Kurnell.




martes, 9 de julio de 2013

Pyrmont

Últimamente he desatendido un poco este blog, a la espera de volver a tener la oportunidad de hacer cosas interesantes y poder contarlas luego. Para interrumpir la carta de ajuste, hoy voy a escribir algunas líneas sobre el barrio donde vivo, Pyrmont. Perdón por el tópico.

Pyrmont está considerado un barrio del "inner-west", es decir, de los barrios céntricos del oeste. De hecho, está casi adyacente al CBD, separado tan sólo por la bahía de Darling Harbour, lo que es insignificante considerando la extensión total de la zona urbana hacia el oeste (unos 50 km desde el CBD hasta Penrith). Aunque no es una atracción turística de renombre, la visita a Pyrmont forma parte de muchos circuitos. Aquí se conservan algunas casas pintorescas, un entrañable cuartel de bomberos, y rincones hermosos con vistas al puerto y el skyline del CBD. Como principales lugares de interés se cuentan el Fish Market y el Casino, que atraen a muchos asiáticos.

Este barrio es de los más antiguos de Sydney. En 1799, poco después de la llegada de los europeos, todo este terreno fue vendido por un galón de ron. Rápidamente se convirtió en un importante centro minero, con tres canteras (Paradise, Purgatory and Hellhole) que suministraron la piedra con la que se construyeron los edificios más importantes del CBD. Estas canteras han dejado una cicatriz en forma de serpenteantes y verticales barrancos que hoy se encuentran completamente integrados dentro del tejido urbano, y que dan un aspecto muy singular a algunas calles y parques. Con la minería, también se desarrollaron las comunicaciones, como el ferrocarril y el puente de Pyrmont para llevar la piedra al centro. También llegaron la industria y el puerto. En torno al año 1900, Pyrmont era una de las zonas más dinámicas de la ciudad, pero también de las más degradadas. Varias centrales eléctricas proporcionaban energía al resto de Sydney.

Durante el siglo XX, Pyrmont decayó hasta quedar prácticamente deshabitado en torno a 1990, y sin actividad industrial. Sólo quedaban almacenes, tinglados, playas de vías y arqueología industrial. La ciudad hizo un esfuerzo para recuperar esta zona tan céntrica. Una de las centrales eléctricas fue derribada para dejar sitio al Casino. La otra central se convirtió en un museo de ciencia y tecnología. Las playas de vías fueron reemplazadas por centros comerciales, el museo marítimo y un tranvía. Los tinglados se transformaron en apartamentos de lujo y espacios para pequeñas empresas. Algunos almacenes y factorías también se reconvirtieron, dando nueva vida al barrio pero conservando sus señas históricas. Aquí tienen su sede Google, IBM, Nokia, Accenture, Vodafone y varios grupos de prensa, radio y televisión. La población se ha multiplicado por 15 en las últimas dos décadas. Según el censo, sólo el 35% son personas nacidas en Australia.

Aquí van las fotos de rigor, todas ellas de mi archivo. Para ser completamente justo, algunas fotos corresponden a calles en el límite entre Pyrmont y el barrio contiguo, Ultimo.








domingo, 19 de mayo de 2013

Redfern

Ayer estuve haciendo una visita guiada por Redfern gracias a la invitación de unos amigos. Se trata de un barrio de Sydney a poca distancia del centro, no particularmente bello, pero de cierto interés histórico y social por su notable concentración de población indígena.

Cuando los primeros colonos ingleses llegaron a Australia, se encontraron con que el país no estaba vacío. Lo que pasó a continuación es una historia cruel que se prolonga hasta nuestros días, y de la que no puedo hablar con autoridad pues apenas conozco algunos detalles. Es un tema muy delicado aquí en Australia, y que ha creado una situación social tensa. Precisamente Redfern es tristemente célebre por unos disturbios que sacudieron el barrio hace unos años. No obstante, se están haciendo esfuerzos para mejorar la convivencia.

La visita incluyó un gimnasio fundado por un ex-boxeador indígena. La nota peculiar consiste en que policías e indígenas celebran combates todas las semanas en un intento de que la agresividad se quede dentro del cuadrilátero. En los muros de Redfern pude ver unos cuantos murales muy coloridos, creados por artistas locales en colaboración con los jóvenes del barrio, o un huerto urbano mantenido colectivamente por la comunidad. Estuve en una cafetería-taller donde puedes tomarte un café mientras te arreglan la bicicleta. Y también visité algunos proyectos de regeneración urbana, que incluyen la conversión de los antiguos talleres del ferrocarril (Carriageworks) en un espacio comunitario y empresarial, donde ahora hay mercados, centros culturales y empresas tecnológicas.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Programando con un Spectrum

El pasado Martes, La Nueva España publicó un breve perfil mío elaborado a partir de frases entresacadas de la videoconferencia en la EPI-Gijón. A la vista del titular, parece que lo que más les llamó la atención fueron mis inicios como programador en un Spectrum en torno a 1990. Curiosamente ayer estaba conversando con unos compañeros, algunos de los cuales apenas habían nacido cuando yo escribía mis primeras líneas de código, y pude darme cuenta de que escuchaban con cierta incredulidad mis historias del Spectrum. Antes de que se me escapen de la memoria los recuerdos de aquella época, y en beneficio también de los programadores que nacieron con Java y Eclipse bajo el brazo, hoy voy a dedicar esta entrada en el blog a explicar cómo era la experiencia de programar con el Spectrum. No pretendo ser el decano de los programadores, y de hecho conozco colegas que echaron los dientes entre tarjetas perforadas. Solo quiero comparar algunos detalles de ambas épocas.
Mi Spectrum +2A tenía este aspecto (foto: Wikipedia):
Lo que más llama la atención era la unidad de cassettes, que era el único dispositivo de almacenamiento persistente. Es decir, no había disco duro. Cuando apagabas el ordenador, todo se perdía, excepto lo que hubieras grabado en una cinta. Las cintas no tenían un sistema de ficheros y directorios. Para grabar o cargar un programa, simplemente ponías la cinta en marcha en la posición apropiada y esperabas unos minutos mientras escuchabas unos chirridos y presenciabas un espectáculo de luces psicodélicas en la pantalla. En una cinta podían caber varios programas, así que normalmente anotabas la "vuelta" o minuto en la que comenzaba tu programa.
La unidad de cassette de mi Spectrum acabó por estropearse, así que dejé de poder salvar mis programas. Tuve que recurrir a transcribirlos en libretas (no tenía impresora). Por supuesto, para recuperar el programa de la libreta, tenía que volver a teclearlo línea a línea. En algunos casos, miles de líneas.
Este es el aspecto que tenía el "IDE", es decir, el editor de programas (foto: oldmachinery):

¡Sorpresa: ya existían los editores a pantalla completa! Claro, que en este caso no había otra opción, puesto que el ordenador era completamente monotarea. Los números de línea no consecutivos que aparecen a la izquierda eran una parte importante del programa. No sólo servían para controlar el flujo de ejecución (obsérvese la instrucción GO TO 50 en la última línea. ¡Bucle infinito!). También eran una parte fundamental de la edición del programa. El editor no disponía de "cursor" para introducir texto en cualquier posición, sino que se escribía siempre en la parte de abajo de la pantalla. Por ejemplo, para añadir un línea entre la 20 y la 30, había que ponerle un número apropiado, como "25 LET a$ = b$ + c$", y el ordenador situaba la nueva línea en la posición apropiada. Modificar una línea suponía tener que reescribirla entera. Por ejemplo, si la línea 10 contenía un error, había que introducir una nueva línea 10 para sustituir a la existente. ¿Y qué pasaba si querías insertar una línea entre la 19 y la 20? Afortunadamente, el editor disponía de un menú para renumerar automáticamente todas las líneas en intervalos de 10 (foto: fruitcake.plus.com):
¿Suena complicado, verdad? Colegas programadores, pensad en ello la próxima vez que vuestro IDE haga un refactoring por vosotros.
Los que quieran seguir leyendo sobre algunos de mis primeros juegos, pueden hacerlo (en inglés) en mi otro blog.