Hoy visité las Jenolan Caves, un enorme complejo de cavernas situado en las Blue Mountains, a unas 3 horas de Sydney. Presumen de ser las cuevas más antiguas del mundo, y también una de las primeras atracciones turísticas de Australia a pesar de lo aisladas que están (o estaban). Al parecer, algunas cuevas fueron equipadas con bombillas antes de que muchos australianos hubieran visto una bombilla en la ciudad. También construyeron un impresionante albergue de estilo europeo.
Algunas de estas cuevas están habilitadas para visitas, con mayor o menor dificultad. Las hay que son un mero paseo, y también las hay reservadas para expertos. Yo visité una algo exigente, a la que se accede mediante un breve "rappel" y que después incluye varios pasos muy estrechos. Uno de ellos se llama "letterbox", lo que da una idea de su anchura. Otro se conoce como el "sifón" y requiere poner en práctica las habilidades de contorsionista.
Un detalle que me ha llamado la atención es que los guías ponían especial cuidado en que no apoyásemos las manos en ciertas rocas. El motivo es que en ellas había pintadas y firmas garabateadas por los primeros europeos que se metieron en las cuevas. Resulta un tanto curioso que se protejan estos rayones relativamente recientes en una roca de 340 millones de años de antigüedad. Lo que hoy consideraríamos gamberrismo sólo ha necesitado 100 años para convertirse en un documento histórico, y no decenas de miles de años como el arte rupestre de Altamira o Tito Bustillo.
domingo, 8 de diciembre de 2013
lunes, 2 de diciembre de 2013
Wondabyne - Patonga
Ayer hice la ruta entre Wondabyne y Patonga en el enorme estuario del río Hawkesbury. Al punto de partida llegué en tren, aunque con la peculiaridad de que el andén de Wondabyne es tan minúsculo que hay que colocarse en una puerta concreta de un vagón concreto para poder bajar del tren. Es más, el apeadero de Wondabyne ni siquiera tiene accesos rodados: sólo se puede llegar a él mediante tren (obviamente), por el embarcadero, o mediante una senda que sube más de 100 metros de desnivel por la ladera.
Esa senda forma el primer tramo de un recorrido de 20 kilómetros por el bosque australiano. Por el camino seguimos la pista de unos canguros, y nos encontramos una serpiente de más de un metro de longitud que por suerte vimos a tiempo. También aprovechamos para subir el monte Wondabyne, de 200 metros de altura (no, no falta ningún cero). Su silueta picuda se observa en una de las fotografías.
La comunidad de Patonga, punto final de la ruta, es un poblado relativamente aislado comunicado mediante ferry, taxi acuático y un caro microbus fletado por el pub del pueblo. En su bonita playa se encuentra un célebre fish&chips de los que sirven la grasienta comida envolviéndola en papel.
Esa senda forma el primer tramo de un recorrido de 20 kilómetros por el bosque australiano. Por el camino seguimos la pista de unos canguros, y nos encontramos una serpiente de más de un metro de longitud que por suerte vimos a tiempo. También aprovechamos para subir el monte Wondabyne, de 200 metros de altura (no, no falta ningún cero). Su silueta picuda se observa en una de las fotografías.
La comunidad de Patonga, punto final de la ruta, es un poblado relativamente aislado comunicado mediante ferry, taxi acuático y un caro microbus fletado por el pub del pueblo. En su bonita playa se encuentra un célebre fish&chips de los que sirven la grasienta comida envolviéndola en papel.
domingo, 24 de noviembre de 2013
Sydney a vista de pájaro
Gracias a la generosidad de mis amigos, hace un mes pude darme el gustazo de hacer algo que estaba en mi lista de deseos desde el día en que llegué a esta ciudad: sobrevolar Sydney en helicóptero. No es extraño ver pequeños helicópteros zumbando por encima del puerto, y estaba seguro de que la vista desde allí arriba tendría que ser espectacular. Ahora que lo he probado, puedo decir que no defrauda, y es la experiencia más espectacular que he tenido desde que llegué. La belleza del puerto de Sydney es asombrosa, y la ciudad muestra su mejor cara. Durante el vuelo de 30 minutos hice centenas de fotos y video, pero sobre todo disfruté del maravilloso paisaje y la fantástica sensación de volar junto al piloto. Como todo en este país, es un capricho caro, ¡pero altamente recomendable!
domingo, 17 de noviembre de 2013
Berowra - Cowan
A pesar del tiempo borrascoso que tenemos estos días, y que nos está dejando continuos aguaceros, ayer me atreví a salir otra vez de excursión. Esta vez hice la senda entre Berowra y Cowan, un tramo de 13 kilómetros que forma parte de la senda de "gran recorrido" llamada Great North Walk. Se llega en una hora de tren desde Sydney y se puede hacer en una única dirección porque también hay apeadero en Cowan.
El camino transcurre todo el tiempo entre un frondoso bosque por el que asoman sorprendentes formaciones de piedra arenisca. Se suben y se bajan varios valles, incluyendo un descenso hasta Berowra Waters, un poblado de cabañas a orillas del Berowra Creek. Una peculiaridad de este lugar es que las dos orillas están comunicadas por un ferry, o mejor dicho, una barcaza que cruza tirando de unos cables. Funciona 24 horas al día, 7 días a la semana, y sorprendentemente para Sydney, es un servicio gratuito tanto para vehículos como para peatones.
La lluvia solo descargó durante 60 segundos durante las horas que duró el paseo, pero lo hizo de forma tan torrencial que hubiera quedado totalmente empapado si no hubiera llevado un miniparaguas en la mochila.
El camino transcurre todo el tiempo entre un frondoso bosque por el que asoman sorprendentes formaciones de piedra arenisca. Se suben y se bajan varios valles, incluyendo un descenso hasta Berowra Waters, un poblado de cabañas a orillas del Berowra Creek. Una peculiaridad de este lugar es que las dos orillas están comunicadas por un ferry, o mejor dicho, una barcaza que cruza tirando de unos cables. Funciona 24 horas al día, 7 días a la semana, y sorprendentemente para Sydney, es un servicio gratuito tanto para vehículos como para peatones.
La lluvia solo descargó durante 60 segundos durante las horas que duró el paseo, pero lo hizo de forma tan torrencial que hubiera quedado totalmente empapado si no hubiera llevado un miniparaguas en la mochila.
domingo, 10 de noviembre de 2013
Hunter Valley
Hunter Valley se encuentra a unas dos horas al noroeste de Sydney. Es una región vinícola con una pequeña pero muy renombrada producción. De hecho, fue aquí donde los colonos europeos plantaron las primeras vides traídas de España, Francia, Italia y Portugal en torno al año 1820. En los últimos años, al igual que en otros lugares del mundo, se ha convertido en un destino turístico. Unas cuantas bodegas familiares reciben visitantes que acuden para realizar catas, o en términos más llanos, para pasar el fin de semana bebiendo. Hay viajes organizados desde Sydney, como el que hice yo ayer, durante el cual se visitan varias bodegas. Quien espere pasear por las viñas más pintorescas, aprender de primera mano las técnicas de cosecha de la uva y preparación del vino, o los aspectos relacionados con la degustación del vino, es mejor que lea un libro o visite el museo del vino de Peñafiel (Valladolid). El tour está más orientado al consumo y venta del producto, sin entretenerse en demasiadas explicaciones ni en paradas para fotografiar el paisaje. No me atrevo a hacer juicios sobre el aspecto más importante, la calidad de los vinos, ya que estoy muy lejos de ser un sommelier.
jueves, 7 de noviembre de 2013
Señales, parte primera: prohibiciones
En el tiempo que llevo en Sydney me he encontrado algunas señales interesantes. Iré subiendo algunas fotos al blog. El tema de hoy es: prohibiciones y advertencias.
sábado, 2 de noviembre de 2013
Royal National Park: Otford - Helensburgh
Hoy regresé al Royal National Park, donde ya había estado hace un par de meses. En esta ocasión hice otro tramo de la senda costera más al Sur, empezando desde la estación de Otford y terminando en la de Helenburgh. Es un tramo fácil, aunque no tan llano como el anterior. Como hay estaciones de tren en los dos extremos, se puede hacer en un solo sentido. Aunque la primera parte transcurre en paralelo al acantilado, solo se ve el océano desde un par de miradores. Todo el resto del camino transcurre entre bosques que no ofrecen vistas panorámicas en ningún momento. Eso hace que sea un poco menos interesante que otros paseos, pero en cualquier caso, una buena excusa para salir a caminar.
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